Textos clásicos
Diogo Fernandes Ferreira
Arte da caça de altaneria
Parte Tercera
De los halcones neblíes, de los baharíes, tagarotes, de los gerifaltes, sacres y bornís y de todos los demás en general
Capítulo primero
De los halcones neblíes
En la primera y segunda parte traté de la criança y caça de los gavilanes y açores. En esta se dirá de la del halcón, debaxo del qual nombre se contienen siete géneros dellos: neblíes, baharíes, tagarotes, algunos gerifaltes, otros bornís y también alfaneques, otros sacres y aletos, los quales son tan diferentes en la grandeza, talle y plumage como disonantes en los nombres, y todos sirven en aquella real caça de altanería que los reyes y grandes del mundo tanto estiman. Unos tomando las garças metidas en las nubes, otros las grullas andando a las vueltas con ellas en el aire. Dellos aferrando los cisnes y cigüeñas prietas, otros en las abutardas y patas bravas, y todos caçando conforme su inclinación y indus[fol. 68v]tria del caçador, no escapando ave del cielo qu’ellos no prendan, y presas las traigan a tierra y las metan debaxo de los caballos de los caçadores. De cada especie diré en diferente capítulo, començando por los neblíes, por ser los más nobles de todos, los quales crían en Alemania, en el reyno de Noruega y la Suevia. De allí los traen los mercaderes a Flandes, y a Inglaterra, y a Francia y los lleban a Italia a los señores que los encomiendan. Algunos vienen a este reyno y dellos son niñegos, otros tomados cerca de donde nacen son duros de hazer, como queda dicho de los gavilanes hablando de la diferencia que ay entre los çahareños y niñegos. También crían en el Ducado de Brabante y estado de Milán. En España no se save parte donde críen los neblíes. Otros neblíes vienen de las Indias de Castilla, en las flotas que vienen a España, y tienen los mismos talles y plumages que los de Noruega. Con estos venidos de ultramar conbiene qu’el caçador prudente se aya con cautela, porque pueden venir enfermos por no averlos tratado como si es[fol. 69r]tuvieran en tierra, y se abrá como diremos adelante. Otros halcones neblíes se toman en estas nuestras comarcas çahareños; a estos tengo por excelentes halcones y son más estimados por averlos tomado lexos de donde nacieron y venir cebados en las aves que pasan de Alemania a inbernar a estas partes, los quales se esparcen por muchos reinos. En este se an visto en los campos de Santarén, en el de Mondego y en el campo de Évora y de Beja. En Castilla en las marismas de Sevilla y en tierra de Olmedo y en todas aquellas partes invernan donde hallan grandes campiñas y aves de que se puedan cebar porque como son velozíssimas no se le pueden esconder ni escapar bolando. También atraviesan la Francia, por lo qual los franceses les llaman peregrinos. Y se toman acá con armadillas. Los caçadores el mayor trabaxo que tienen con ellos es hazerlos domésticos y raeleros y mansos, que matar ya ellos lo saben. De todos los que se toman en estas partes son muy estimados los del campo de Santarén, y los de Mondego y los de tierra de Sevilla, y de todas aquellas partes donde ay [fol. 69v] grandes lagos y marismas, entre los quales ay de diferentes aves y se ceban en garçotas, dorales, sisones, zambrallos y gansos reales, y la diferencia de las aves los haze más fáciles de hazer y caçarlo todo, lo que no tienen los tomados dentro de su natural, que se ceban de palomas y gangas y pocas vezes en aves grandes, y algunas, constringidos de la hambre, en zorzales. Estos son más trabajosos por estar acostumbrados a aves menores y ser bulliciosos y algunas vezes dexan las aves a que los lançan y ceban a otras. Conviene se carguen de cascabeles al principio hasta que sosieguen, y los larguen en compañía de algunos baharíes que se quietan con ellos, porque los baharíes no se desmandan yendo a otras aves. Mas son los neblíes tan nobles que aviendo caçador plático le hará lo haga todo bien hecho. Son los neblíes torçuelos excelentes altaneros y se suven muy alto, y el borní torçuelo le haze compañía suviendo con él, y ambos se quitan porque el borní no save ir a la caça y hazen hermosa bolatería. Pedro López dize que vido un torçuelo muy buen garcero a Monsiur de Ribera Targe, y era del rey de Francia. Aviendo en qué escoger, el caçador (aunque pocas vezes sucede aver tantos tomados en las redes que se dexen unos por otros) conviene saber elegir los [fol. 70r] mejores, y los plumages y faiciones y talles de cada uno. Los halcones neblíes tienen lo blanco muy albo en el pecho y lo demás prieto. A estos llaman los franceses halcones de damas y son muy hermosos y dóciles de hazer y de muy buen semblante. Tienen el plumage más limpio que todos los demás y las colas un poco más largas, y las piernas por de dentro blancas. Son excelentes garceros. Los caçadores castellanos les llaman donceles. Otros tienen el plumaje ruvio y la pinta gruesa. Son de grandes cuerpos y buenos garceros. Otros tienen el plumage pardo y la cabeça pintada, y la pinta orlada de amarillo, y no son grandes mas de buen talle y bien cubiertos de pluma, a estos llaman los castellanos coronados, y si tal lo hallare el caçador trabaxe con él y no le pese del tiempo que gastare con él. Otros ay que tienen el plumage menudo y delgado como amarillo, a estos llaman zorzaleros y por la mayor parte son pequeños y bulliciosos, y ban mucho a las aves pequeñas y a las palomas; a estos cargarlos de cascabeles como ya dixe, y trabage por no enojarlos, que se ofenden de poco yerro. Y son buenos halcones [fol. 70v] y afirmo que es tal este género (que aviendo caçador y siendo tomado en buena comarca) que ninguno dellos vi aborrecido. Digamos agora sus faiciones y posturas: sea de buen cuerpo bien hecho, en el pecho de mucha carne, descargado de espalda, buenas piernas, çanco grueso y corto, y las manos grandes, los dedos largos y delgados, las ventanas aviertas y que tenga algunas plumas por cima de los hombros de cada parte, que pocos halcones las tienen que no sean bien cubiertos de pluma, y la cola de mucha pluma y abultada, y la pluma dura, y quanto más bravo fuera al principio tanto mejor será.
Capítulo segundo
Del halcón baharí [y] tagarote
Los baharíes crían en la isla de Cerdeña de donde tomaron nombre de sardos, otros crían en Mallorca, otros en Romania; estos de Romania son grandes halcones y muy buenos garceros y muy raviosos de grande hambre y tenazes y apegadores. Los halcones tagarotes son contados y tenidos por baharíes, crían en la isla de [fol. 71r] Cabo Verde y en África. Los caçadores los estiman por baharíes, por ser todos de una condición. Pocos destos son altaneros porque con la grande hambre que muestran no se tienen en lo alto, y viendo las ánades aguadas luego se asientan. Toda su ligereça es en lo baxo, aunque algunos á avido altaneros. Pedro López dize que vido un halcón mallorquín a quien llamavan Doncella, excelente garcero y vello altanero, mejor que quantos tenía el rey don Fernando, el qual en aquel tiempo tenía trecientos halcones, cien garceros y los demás altaneros, y entre estos avía un baharí que derrivava la grulla y la cigüeña prieta y la pata brava y el cisne, y los tenía hasta que llegava el caçador. Los tagarotes hazen lo mismo. Pedro López dize de un tagarote que llamavan Botafuego, también del rey don Fernando y no muy grande y sin aiuda de otro matava la grulla y la tenía hasta que era socorrido del caçador. Estos baharíes son muy buenos perdigueros porque su ligereça es en lo baxo con el pecho por tierra. Hazen muy hermosa volatería en compañía de los neblíes porque los quietan que no vayan a las aves pequeñas.
Los pluma[fol. 71v]ges destos, assí de los sardos como de los de Mallorca y de Romania, cassi todos son de una manera. Los de Romania son raviosos y golosos, mayores por las espaldas que todos y más atrevidos.
Los tagarotes son en la color y talle semejantes a los baharíes pero más pequeños. En el plumage como amarillos. A estos todos llaman en Francia halcones gentiles, de donde dizen gentil de Cerdeña, gentil halcón de Romania y gentil tagarote. En Aragón llaman a todos los baharíes monteros.
Aviendo en qué escoger, sea descargado de espalda, grandes çancos, buenas piernas, manos largas y los dedos largos y delgados, mucha carne en el pecho.
Capítulo tercero
De los gerifaltes
Los gerifaltes crían en Noruega y en Suevia, en aquellas partes donde diximos que crían los neblíes, de donde los llevan a todas las partes en compañía de los neblíes. Son estos muy grandes, mayores que todos los demás. Los que dellos salen buenos, son muy preciados de príncipes, pero tienen muchos sinsabores porque son muy duros de hazer y cobardes, y por la mayor par[fol. 72r]te cortos de vista y gotosos y sufren el capirote peor que los demás halcones, principalmente los torçuelos; conbiene al caçador saverlos llebar a tiento, que se quejan y se ofenden mucho errando el modo, dándoles con el capirote en el rostro y se asombran, y como son halcones grandes y pesados y tienen las manos gruesas y carnosas enferman de gota en ellas, y de clabos, y quieren ser traídos en la mano y caçador de buen tiento, los que dellos son buenos no les hazen ningunos ventaja. Matan las garças en lo alto y van a ellas con menos puntas que los neblíes, y son en el aire bien graciosos puesto que al salir de la mano se muestran pesados por su grandeza, mas después de tomar en el aire su aliento son ligeríssimos. Yo tuve uno maravilloso garcero y milanero. El infante don Luis, hijo del rey don Manuel, tuvo un gerifalte tan blanco como una paloma, y teniéndolo por maravilla no lo quiso aventurar a la caça, el qual fue tomado en una nao en el altura del Brasil, atravesando el mar, de donde el príncipe y otros caçadores imaginaron que en aquellas partes devía de aver [fol. 72v] semejantes halcones.
Los plumages destos son en lo blanco muy albo y lo demás escuro en poca cantidad. Estos son estremados, principalmente los de la Noruega, por su hermosura parecen muy bien, assí en las alcándaras como en la mano de los caçadores. Ay gerifaltes a quien llaman letrados porque tienen lo blanco muy albo y lo prieto menudo a manera de un libro escrito. Los otros a quien llaman grizes por ser lo negro puesto en las plumas blancas como granos menudos y son ligeríssimos en el buelo y vellos en el parecer. A otros, a quien llaman rocaces por ser de plumage negro, son animosos. Destos dize Pedro López que vio uno a Monsiur de la Ribera, camarero del rey de Francia, que era tan negro que casi no se divisava lo blanco, y en la bondad el mejor del mundo.
Al principio se deve començar con estos por las liebres, por que pierdan las cosquillas de las manos, porque ellos de su naturaleça son muy cosquillosos, y volar con ellos las lechuças porque porfiando con ellas toman aliento, y después los treinan en la garça, y estando ya treinados en ella algunas vezes les muestran la brava, largándolo en compañía de al[fol. 73r]gún halcón maestro que pegue en ella, y desque estuviere rendida coma, aunque algunos dellos ay de tan buen esfuerço y animosos que matan la garça sin treína por su voluntad. Tienen necesidad de andar siempre en la mano del caçador porque son muy pesados, y cayendo de la alcándara corren riesgo y quieren ser alentados y que los animen quando les quitan el capirote, dándoles a roer en alguna cosa de que tomen gusto. Queriendo escoger, lo primero que deve hazer el caçador ver si tiene clabos en las manos, y si las tiene hinchadas, y si es corto de vista, lo qual hará mostrándole el roedero, y si se inclina a él y lo buscará. Por las faiciones, que sea descargado de espalda, que tenga buen rostro y el sobrepico grueso, y buenas piernas, buenos çancos, ventanas bien aviertas, buenas manos, los dedos cortos y gruesos, al contrario del neblí, y que no tenga grande cabeça. Los torçuelos destos son vellíssimos garceros y muy ligeros, pero muy quexinbrosos, y muy delicados. Tienen necesidad de caçador sufrido y que sepa. [fol. 73v]
Capítulo quarto
Del halcón sacre
Los sacres crían donde diximos criavan los neblíes y gerifaltes. Los mercaderes los traen a estas partes con los demás. Otros crían en Romania y son muy buenos. Los sacres tienen otros plumages diferentes, dellos son rubios, otros tiran a blancos y por más mudas que tengan no mudan el color de las plumas como hazen otros halcones, y en ninguna cosa muestran aver mudado mas de en parecer las plumas alguna cosa más claras que antes estavan. Tienen unas orladuras alrededor de las plumas que cassi no se divisan. También se toman bravos, a estos llaman los caçadores çahareños y son más estimados porque son muy dóciles de hazer, que los pollos destos son olvidadiços y duros de hazer, y son buenos garceros y grulleros y milaneros, tanbién matan las perdizes y las liebres y alcarabanes, y buelan mejor con viento, y tiénense más a ellos que a los otros halcones. Son estremados torçuelos de milano. Los torçuelos destos son excelentes. Yo tuve un sacre torçuelo del prior [fol. 74r] de Crato, nieto del rey don Manuel, que matava las garças, y muy buen milanero. Era muy pequeño de cuerpo, y por ser tal lo llamavan bastardo. Era de plumage cassi blanco, muy ligero en el buelo. Nunca lo vi caer al milano, que hurtándole el cuerpo no tornase a suvir por cima dél más de dos altas torres. Vez sucedió quedar él solo en la brega y traerlo presso a tierra, y estar el milano aferrado dél, y el quexándose del mal que le hazía, y assí estuvo hasta que yo lo socorrí. Quieren los sacres andar siempre cebados, que se ahítan a menudo y olvidan, y son tan olvidadiços que si una sola noche quedan en el campo y otro día los topa el señor no lo conocen ni lo aguardan por más regalos que le haga. En Bramante buelan con ellos en la rivera. Los mejores para esto son los torçuelos por ser más ligeros. Son halcones muy grandes de cuerpo. Quando escogiere el caçador búsquele mucha carne, tenga buenas piernas y buenos çancos, las manos pequeñas, los dedos cortos y gruesos, descargado de espalda, y la cola lo más corta que fuere posi[fol. 74v]ble, las alas largas, y las puntas derechas, ventanas bien aviertas. Quieren ser traídos en la mano, porque en la bara embrabezen, que son halcones sobervios y muy duros, y quieren caçador de buen tiento, que pocos caçadores vi que los entendiessen bien, sólo Pedro de Vezilla, caçador del infante don Luis, entre ochenta que tenía este señor, se aventajava a todos en este género de halcones, y caçava con ellos muy baxos de carnes, y traía siempre en la bolsa agüigenillas redondas del tamaño de plumadas que a las vezes les dava en lugar dellas. Acostumbrava a dezir: "Son villanos, no hazen cosa por virtud, mas con darle labado y su plumada seca a la noche y haziéndoles madrugar basta".
Capítulo quinto
Del halcón borní
Los bornís crían en muchas partes de Alemania, donde los demás, y en el Ducado de Saboya, en el reyno de Galicia, en Asturias de Santillana. Algunos son [fol. 75r] excelentes altaneros, también matan las garças. Los de las provincias se tienen por mejores. Todos caçan las perdizes y alcarabanes y las garçotas. Los torçuelos son muy preciados en Francia para compañía de los neblíes porque no siguen las aves pequeñas y sosiegan las ánades, y quando los caçadores ponen el neblí en la rivera la halla limpia. Estos al principio son pesados de hazer altaneros porque se sientan en tierra, pero con los neblíes suben. Quieren estar de buena carne. Al principio buele con ellos el caçador las urracas, porque acostunbrados assí toman aliento y se amaestran, y después lo larguen en compañía del neblí en la rivera, y aunque se ponga en tierra no se enoxe el caçador y no se enfade de echarlo en compañía de los neblíes, que él los seguirá y verná [sic] a ser altanero. Conviene darle siempre a rroer en la última ave que matare, porque se hará querencioso de altanería, que quiere ser governado diferente del neblí, y no se save remontar sin darle a rroer, y quando el caçador lo pusie[fol. 75v]re en la rivera levántele el ave estando cerca que no puede de lexos alcançar tan depriesa como el neblí, y dos hazen buena compañía. Pedro López dize aver visto dos torçuelos en Francia por quien davan cien francos de oro. Son muy apacibles. Yo tuve uno vellíssimo perdiguero y matava con él una docena de perdizes, y las asentava tan bien como un açor. Quieren ser traídos en la mano. En sus faiciones buscarlos á el caçador descargados de espalda, largos de hombros, y tenga buena carne, buenos çancos, buenas piernas, manos grandes, y los dedos cortos y gruesos, la cabeça llana, los ojos hundidos, buen pico, la cola abultada y corta, y buenas ventanas. Y puesto que digan que los bornís con qualquier vianda pasan, si el caçador se la diere buena lo sentirá en el bolar. Los çahareños valen más que los niñegos.
Capítulo sexto
De los alfaneques
Los alfaneques crían en África, en el reyno [fol. 76r] de Tremecén. Tienen las cabeças blancas. Dellos son ruvios y otros negros en el plumage y tienen las piernas largas. Ay también halcones entre bornís y alfaneques que son casi del tamaño de los tagarotes. Los moros son grandes caçadores destos, principalmente los alarbes, y se precian tanto dello que en la guerra traen en la mano derecha la lança, y la adarga en la izquierda, y el halcón en el ombro, y los estiman aunque anden sucios de sus tolleduras.
Los alfaneques son halcones apacibles. Matan bien (e fermoso) la liebre, principalmente quando son dos, porque no pegan della. Bolando vienen a las perdizes, mas pocos las asientan. Matan los dorales, las garçotas y cuerbos, y si los acostumbran a altanería lo hazen muy bien. Quieren ser delgados y bien raeleros porque dándoles un poco de sol se pierden, que son halcones muy calientes. Son mejores en la tierra fría que en la caliente. Son sugetos a clabos en las manos. Por las faiciones se buscarán como los bornís. [fol. 76v]
Capítulo sétimo
De los aletos
Los aletos crían en las Indias de Castilla, en el Brasil y vienen en las flotas a Sevilla. Son pequeños, en el plumage difieren de todos los demás. Parte del pecho, piernas y obero tienen cubierto de plumas ruvias, y el papo sin pinta ninguna. Lo ruvio tiene color de milano, la cabeça cercada casi toda de una lista de plumas del mismo color. Debaxo de las alas, en alguna parte de las tetillas, tienen plumas pardas con pintas atravesadas, como que imitan las de los otros halcones. Tienen las alas largas, la cola, para el cuerpo, bien formada, las manos delgadas, los dedos largos. Son graciosos a la vista. No los vi caer. Tienen parecer de grandíssimos boladores y que lo matan todo. Con ellos caçan las perdizes y son tan porfiados en matarlas que entran con ellas en las balsas. El licenciado Felipe Butaca Enríquez, natural de la ciudad de Ébora, me afirmó que avía visto en el puerto de Calbo y río de las Piedras, [fol. 77r] en la capitanía de Pernanbuco, donde él vino a dar a la costa con una embarcación viniendo de Angola el año de 605, estuvo allí treinta días, y en este tiempo por toda aquella costa vio estos pájaros que eran mayores que gavilanes primas y menores que halcones, y notó dellos ser grandíssimos voladores, tanto que la vista no los podía alcançar para notarlos en todo. Muchas vezes los vio tomar papagayos y otras aves, y que en el caçar son muy porfiados, y perseguillas mostrando mucho ánimo, y se metían con los pájaros por de dentro de los árboles, y no descansavan hasta tenerlos en las uñas, y que deseó traerlos a este reyno por entender que los príncipes y señores los estimarían. Quien los quisiere traer de allá puédelos criar desde pequeños como los gavilanes, y por la mar los traygan después de criados, como se dize en el capítulo que trata de poder venir los açores de Alemania, porque quien los supiere traer interesará en ello mucho dinero. Los aletos, demás de matar perdizes, matan alcarabanes y urracas, y son estimados de todos los caçadores generalmente. [fol. 77v]
Regla general de advertencias y precetos que muestran la caça del halcón neblí, por los quales puede el caçador enseñar todos los demás géneros de halcones
Por vezes se á dicho cómo de Noruega vienen halcones y açores, y de otras partes de ultramar a nuestra España, y cómo en este reyno se toman neblíes çahareños y queda dicho de cada género de halcones, en capítulos diferentes, para que el curioso supiesse bien la suerte de cada uno dellos. Agora se mostrará cómo se amansan y enseñan a caçar. Y puesto que no hablé más que del neblí siendo siete las diferencias de halcones, y digo que por este solamente, quedará sabiendo caçar con todos los demás, no duden, porque aunque sean diferentes en los géneros y en las tierras donde nacen, siguen todos un modo de vivir, los quales buscan la comida de que se an de sustentar por un mismo estilo, manteniéndose todos de aves vivas que caçan. Lo mismo haremos hablando del neblí solamente, porque él, de todos, es el mejor y el que en el caçar aves diferentes es el [fol. 78r] más atrevido. Quando de ultramar vienen halcones puédese imaginar que vienen cargados de umores y con recelos de enfermedades futuras por no ser curados como es necesario, faltándoles las buenas viandas y no dándoles las plumadas a tiempo, ni agua y sol, trayéndolas sin quitarles nunca los capirotes, que teniéndolos nosotros en tierra donde les acudimos con mucho cuidado no los podemos conservar ni ver libres de enfermedades, por lo qual se deve tener advertencia en la elección.
Primeramente le contarán si tiene todas las plumas de las alas y cola, porque pueden tener algunas quebradas de las reales por de dentro del cañón, que en la muda no pueda el halcón valerse del pico para echarlas fuera por estar quebradas por de dentro de la carne, aunque acontece pocas vezes, que las quebradas puédense enxerir, que mejor fuera estar sanas, y estas quedan haziendo grande falta al halcón. Y le olerán la boca si tiene gomas, y mirarán los ojos si tiene nuve en ellos, y si tiene las manos hinchadas con clabos o principio dellos, y si tiene todas sus uñas, y si viene cargado de agua [que los castellanos dizen morrión].
Aviendo notado las dolencias, se buscará por las faiciones y plu[fol. 78v]mage, y si no se hallare todo junto en uno solo, tome el mejor, que es: ser de buen cuerpo y plumage, qu’el halcón pequeño y de poca carne no puede ser de probecho, puesto que al principio de muchas muestras buenas, es de poca dura.
El día que el caçador comprare y tubiere escogido le dará su vaño, porque si después de manso lo diere, enojarse á y quedará peor que de antes, y por escusar este peligro se le dará luego. Y después se le pondrán pigüelas de cuero bien adereçado y blando, y no sean apretadas, y las lonjas y cascabeles, los que sean conforme al cuerpo, y le pondrán el capirote de buen cuero delgado y tieso, y que no lo deseche de la cabeça aunque se sacuda o cocee, y que no le haga mal a los ojos, y quando se lo quitaren para que vea sea de noche y a la luz, y lo mismo se hará siendo tomado por acá, quando le descosieren los ojos para ponerle otro con el qual á destar siempre. Hecho esto ande en la mano de día y de noche, y sean veinte días por lo menos, aunque en esto no ay regla cierta, que la condición del ave muestra al caçador lo que deve hazer. Y [fol. 79r] quando estuviere manso y comiere sin rezelo y aguardare el capirote, y que le traigan la mano por la cabeça, esto sin hazerle halagos ni caricias, que para amansarlos no les conviene esto, sino después qu’ellos se entregan y muestran amigos. Después que estuviere asegurado trairá su roedero en el qual le darán algunas picadas quitándole el capirote, y tornárselo an a poner mansamente con mano liviana, y no se lo quiten dándole con él en el rostro que se ofenderá. Y si al principio el çahareño no quisiere comer, no se enfade el caçador por ello porque lo haze de bravo, y con la carne le estrieguen las manos por cima, que él, de bravo, acude a morder en lo que siente, y hallando la carne dé en ella, y come. Y assí se abrá como viere que conviene.
Advertencia segunda
De cómo se deve aver con el halcón hasta ser raelero
Mostrando hambre y que abre las alas como tragón, le darán de un coraçón de baca labado, [fol. 79v] limpio de gordura y nervios, picado, deshecho en agua tivia, por algunos días, y después le darán de una polla hecha en pedaços labada en agua tivia, y los güesos de las coiunturas y piernas quebradas con una poca de carne con ellos para plumadas, y tenga el caçador cuidado de ver si la hiço viendo el halcón, luego quando le quitan el capirote, que ba a buscar la mano, si tiene que comer, trairán una pierna de gallina embuelta en un lienço limpio en el seno y déle algunas picadas, y a desplumarla; y estando al mejor sabor le pondrán el capirote dulcemente. Y si tiene hambre verdadera, apártese con él y vea si quiere saltar en la mano, atando enpero la lonja en el guante, y si él saltare en la mano le dé de comer de buena vianda haziéndole todas las caricias posibles, y en saltando en la mano sin rezelo y lo hiziere todas las vezes que le mostraren el roedero, y no mira a otra cosa sino a lo que á de comer, entonces encarne el señuelo con dos carapachos de gallina, de cada parte el suyo, sus cabeças y pescueços, colas y alas y con otras de otras [fol. 80r] aves de suerte que quede el señuelo bien encarnado de ambas partes. Tome un cordel delgado y recto, bien hecho y largo, y lo atarán en las lonjas del halcón, y saldrán al campo limpio de cardos, matas y piedras, y allí le darán de comer al halcón encima del señuelo tantas vezes hasta que lo conozca. Y la comida que entonces le dieren sea de lo mejor que ubiere y tuviere. Darle an el coraçón de la gallina y sus dulces y una pierna, y mientras estuviere comiendo le darán vozes, cantando y dando con el guante en la tierra para que vaya perdiendo el miedo, y sepa que a semejantes señas y gritos le an de dar de comer, y venga quando lo llamaren. Y todo lo harán con muy gran recato de que no se asombre, y a la noche le darán poco de comer en agua tivia y sus plumadas.
Conociendo el halcón ya el señuelo bien y lo sigue y no pueden desapegarlo dél, háganlo venir volando a él, atado todavía con el cordel, y el que lo tuviere en la mano lo tenga de modo que vea el halcón bien el señuelo, y lo tenga pecho a viento y sol avieso que [fol. 80v] si tiene los ojos hazia el sol no podrá ver las vueltas que se dan con el señuelo quando lo llaman y se perderá largándolo sin verlo, y el que en la mano lo tuviere no lo arremeta sino aguarde qu’el halcón por su voluntad salga, y la persona que lo llamare échele el señuelo a un lado, no a la cara, y en lugar limpio para que lo vea y se siente luego en él, y después qu’el halcón estuviere en el señuelo, vaya el caçador mansamente hablándole y déle allí la mejor vianda que tuviere, y desque aya comido levántelo con un roedero, y déxele alimpiar el pico, y en sacudiéndose le pondrán el capirote, y traerlo an en la mano quieto y sosegado. Y viniendo ya bien al señuelo lo llamarán a lo largo sin cordel, en parte donde no aya gente, y en el señuelo le den algunas gallinas a degollar de modo qu’él no las vea metiéndolas por debaxo del señuelo, y beba de la sangre dellas, que para amansar un neblí todo este recato y trabaxo se á de tener por treinta días, y después buele en la rivera, aunque todo será conforme a la condición del halcón [fol. 81r] y a la industria del caçador, que yo vi a mi padre en siete días treinar un halcón pollo después de averlo tomado.
Advertencia tercera
Del tiempo en que se á de poner el halcón en el agua y del arte que se tendrá hasta que se cebe en la rivera
Estando en este estado, si hiziere el día claro y de buen sol, pruébenlo al agua en lugar apartado y buena bacía y limpia o lebrillo en parte donde aya sol, y el caçador esté siempre junto a él teniendo apercebido el roedero, un guante calçado en la mano, no lo fuerce a que entre en el agua contra la voluntad, y para que lo haga le llegarán el roedero y ver si con apegar en él quiere entrar, y le darán sus dulces que son los sainetes que son los dulces con que ellos huelgan mucho, y no queriendo sosegar, lo levantarán en la mano, sin ofenderlo, que si le quieren hazer probar el agua por fuerça se enojará, y quando lo pusieren en [fol. 81v] el agua sea aviendo comido media pierna de gallina solamente, porque llebando grande papo tendrá dos trabajos: uno en gastarlo y otro en engujarse, y siempre lo acostumbren a probar agua de tres en tres días. Después que se ubiere bañado, se pondrá un poco a la sombra, porque con el sol recio tuercen las plumas yendo mojado, y después de estar assí un poco, lo pongan al sol para que se enjugue, y assí procederán a los pocos, y si fuere tarde y no tuviere lugar de enjugarse, en la sala donde de noche se pusiere le pondrán dos velas encendidas para que cure de sí, y sacuda, y por la mañana le darán una parte de gallina. Y siendo gerifalte o tagarote le den conforme a cada uno. Y sus plumadas de algodón o de hilos, también se dan de estopa, con algunas picadas de carne con ellas, y no les den jamás nervios que no los gastan bien, ni gordura que los ahíta.
Los franceses y alemanes tienen este regimiento: quando dan de comer al halcón de [fol. 82r] ave viva le pasan la comida por agua fría, y siendo de ave o carne fría la pasan por agua tivia. Es probechoso para que el halcón esté sin orgullo. Esto hazen principalmente los caçadores de Bramante, que son grandes citreros, y lo tienen por oficio, y dizen que la vianda muy caliente enciende al halcón, y la carne fría causa enfermedades. Yo lo tengo por buena prática.
Sucediendo qu’el halcón tenga pequeñas ventanas, qu’es en ellos falta, principalmente en el altanero, que tiene necesidad de venir abaxo y bolverse a levantar arriba, combiene que tenga aliento y resuello suelto, abrirlas an con un cuchillo hasta que caiga sangre, y encima le pondrán algodón solamente, y sanará, y queda el halcón con buenas ventanas, y guárdense de labrarlo con fuego, que perderá el pico porque el fuego labra por algunos días.
La alcándara en que uviere de estar sea gruesa, y no pongan el neblí junto al sacre ni el borní, ni en la alcándara donde ellos estuvieren por razón del piojo, de quien son ellos muy [fol. 82v] sugetos, ni donde ayan estado gallinas, ni en parte donde aya humo ni polbo de cal, que ambas estas cosas dañan a la vista. Y debaxo de la bara estará siempre la tierra barrida para que se vea si hizo la plumada. Y no le den de comer hasta qu’el halcón la haga, y si no la hiziere harán lo que se dize adelante en el capítulo que desto trata. Debaxo de las manos del halcón le pondrán su guante blando, y de invierno un paño de color, lo qual se haze para conservar la salud. Y siendo el halcón buen altanero, buele las urracas en parte donde no aya árboles, que se desembuelve y acostumbra a venir abaxo y a levantarse y haze buena volatería, y cría aliento, y aguarda al maestro, y cría ligereça. Y aviendo bolado assí un poco, le den señuelo y de comer, y quando bolare las urracas, algunas vezes busquen maestro para soltarlo con él en compañía sobre el agua y haga sus tornos, y se irá con él a la rivera. Y larguen primero el halcón maestro que allegue a las ánades, entonces largarán el nuebo y déxenle con el maestro, y aviéndose levantado [fol. 83r] las ánades, y el halcón seguido al maestro con la ánade que cobraren, den señuelo al halcón nuebo para que la conozca, y désele una pierna della, y la lengua machucada, y el coraçón, y desta arte se governará hasta que conozca las ánades muy bien por sí solo, y procederán algunos días deste modo con el falcón en compañía del maestro, y queriendo bolar aviendo ánades sobre que lo quieran largar, sea en lugar limpio donde se pueda socorrer, por tierra enjuta, fuera de atolladeros, ni gredales, junqueras o árboles, ni balsas, porque al golpear el halcón no se embarace y ensucie, ni aya barrancos que impidan al caçador socorrerle. Busque el caçador lagunas y riberas en tierras limpias, y quando lo largare venga el caçador viento abaxo, apartado de la rivera, hasta qu’el halcón tome su altura, que si de otro modo lo haze y no tomare el viento, las ánades se levantarán y el halcón irá en pos de ellas, y podrá perderse, y haziendo como [fol. 83v] digo, el halcón toma su altura por cima de las ánades, las quales se aseguran, y el halcón toma vista dellas, y conoce sobre lo que vuela, y entonces se levanta en mayor altura. No sea el caçador codicioso de levantar las ánades antes qu’el halcón tome la altura que conbiene, porque se acostumbrará mal, no levantándose en lo alto, y aguardará volando baxo que se las levanten, y la gallardía desta caça es levantarse el halcón bien alto, y levantándoselas andando baxo no tienen altura para alcançarlas y golpear, y bolará por el ánade a lo largo, y es feo caçar y disgustoso, y puede suceder perderse el halcón. Levantará el caçador las aves pecho a viento o al través, que se levanten ellas por seco estando el halcón bien alto, porque entonces deciende mejor a ellas entendiendo que puede hazer presa, y si la ánade se acoge al agua, levántela della, dexando primero tomar al halcón su altura, y si la llebare en las manos, acúdale luego quitándosela mansamente, y cabalgue [fol. 84r] y corra otra vez la rivera hasta que se levante el halcón, y si otras ánades quedaron y las quisiere volar, haga como hizo de primero, y no queriendo volar más dé señuelo y de comer una pierna de gallina y la lengua y coraçón del ánade, y aguarde el caçador hasta qu’el halcón se sacuda y limpie el pico.
Advertencia quarta
Del arte que se tendrá con el halcón pollo y la causa por qué conviene en la caça de altanería traiga el caçador gallina viva
Si el halcón siguiere algún ave, y fuere pollo, al principio estese el caçador quedo y dele vozes y llámelo para que buelva, y si a los gritos no viniere dele señuelo, y si acudiere a él dele de comer, que de agradezer es, pues acudió, pero si el halcón fuere ya volante y save lo que á de hazer, y sale como dicho es y torna aviendo ánades, déxenlo andar, y levantarlas an, haziendo el caçador lo que conviene. Adviertan que no hagan andar al halcón [fol. 84v] sobre ánades menudas aviendo poca agua, porque quando el halcón viene a golpear no halla cuerpo en la ave de que pueda aferrar y da en tierra y puede lisiarse, mas si el agua fuere mucha y ubiere acachaderas y mondaríos y otras aves pequeñas, hagan porque el halcón las buele, porque ellas tornan al agua y los halcones se perficionan mucho mientras son nuevos, que se acostumbran a levantar y caer abaxo, y se aficionan y toman cariño. Después que aya un poco bolado y acuchillado con ellos se le dé señuelo cerca del agua y de comer, aunque no aya hecho presa. Y si el caçador topare ánades en seco, no buele hasta que ellas entren en agua, porque levantándolas volará el halcón tras ellas y se perderá el lance, mas estando ellas cerca del agua aguarde a que entren en ella, y si no entraren no largue el neblí, mas teniendo borní torçuelo altanero, háganlo bolar y poner en altura, y ellas entrarán, y si se fueren, el borní no las sigue, y no se abenture el neblí. Esto hazen las ánades comúnmente [fol. 85r] en tiempo de grandes eladas porque no pueden romper las aguas con el caránbalo, tanbién están casi en seco quando ay muchas aguas y las yerbas cubiertas dellas, y las ánades tienen solamente los pies metidos en agua y curan de sí. Guárdese el caçador de bolarlas estando como digo. Trabaxe el caçador y ponga toda su ciencia en hazer rebolar al halcón, y que se remonte, que en esto está el caudal del neblí, y quier haga presa o no, no dé señuelo al halcón si no fuere bolando algún poco, porque quanto más alto estuviere, dándolo, tanto mejor, y estando sentado en tierra o en árbol o sobre alguna cosa, aguarde que se levante y cabalgue y baya por la rivera dándole vozes, y en levantándose, andando un poco sobre el agua y no ubiere aves que levanten, entonces le darán señuelo y de comer. Algunas vezes si no se quieren levantar las ánades que están rendidas en el agua por el grande miedo, los halcones raviosos se sientan en la rivera cerca dellas, otros viéndolas rendidas [fol. 85v] en el agua, se abalançan a ellas pareciéndoles que las pueden tomar; esto se escuse con el remedio que fuere posible. Cóbrese el halcón lo más presto que se pudiere, y con baras y golpes cobre la ánade que está muerta y cabalgue y corra la rivera para que el halcón se alce, y estando alto le dé señuelo, y si el halcón estuviere tan mojado que no se levante, tómenlo en la mano por espacio de una ora entera, no le den de comer, y si el halcón se acostumbrare a hazer lo mismo, y lo haze a menudo, antes sufran que se pierda el ánade, y denle señuelo porque no siga esta costumbre, y es cosa qu’ellos hazen muchas vezes con grande hambre, y por andar baxos pónganlos en carne.
Trairá el caçador consigo siempre gallina viva porque si el halcón matare las ánades u otras qualesquier aves, no le dé a comer dellas sino cosa poca, y el coraçón y la lengua y lo demás sea gallina, la qual trae a los halcones templados, que las carnes de las aves montesinas hazen los halcones orgullosos y en[fol. 86r]gordan mucho y no acuden al señuelo como deven. La gallina sea nueba sin goma ni dolencia alguna. El día que no bolare el halcón en la rivera, o por otra prisión, le den señuelo. Y guárdesse no aya niebla ni llubia ni mucho viento, y se dé entonces señuelo junto del caçador, /lo qual se haze porque sepa el halcón que tanto le dan la comida porque cace como porque venga al señuelo/. Y teniendo gallina le dé encubiertamente a beber la sangre, que es muy buena, preserva de lombrices y filomeras, y toma el halcón afición al señuelo. Y siendo pollo, antes de entrar en la muda, en el mes de mayo, buele con él los sisones, que se desembuelven, poniendo primero el halcón que tome su altura, y después se levantarán los sisones, y haziendo efeto lo quitarán de la mano dulcemente, y se pondrá a caballo, y lo tornará a hazer rebolar, y si quisiere bolar otros, aviéndolos, sino dé señuelo. También es buen bolar en aquel tiempo los martinetes, qu’es tan buena bolatería como la de la garça. Muchas aves ay que [fol. 86v] se pueden bolar con el neblí, mas de ningunas hallo yo mayor número que de las ánades, porque ay dellas muchas castas y suertes. Con todas hagan bolar al halcón de una manera: largándolo primero que tome su altura como muchas vezes dixe, y después levantar las ánades, mas a todas las más prisiones (salbo a los sisones) se largará el halcón a braço buelto, assí a las garças como a las grullas, martinetes, cuerbos calbos y alcarabanes. Tanbién es bueno bolar algunas vezes la perdiz porque esta haze bolar al halcón redondo y alto, y muestra en eso cierta gallardía, y buele como dixe se avían de bolar los sisones, y si hiziere presa no le den de comer, y cabalgue y rebuele, y quando aya bien andado en el aire, antes que se enfade se le dé señuelo y de comer, y quando bolare perdizes no trayga más que un podenco u dos bien acostumbrados, y quando bolare no sea donde aya árboles porque al golpear no se lisie. /El día qu’el halcón bolare se pondrá en el [fol. 87r] campo atado a una piedra con las lonjas para que cure de sí, y el lugar donde lo pusieren sea cercado de paredes en parte donde esté quieto, y el caçador junto a él, porque si se enfadare le acuda. Esta prática tienen los bramantines, y dizen que con esto toman los halcones plazer y curan de sí. Nosotros no lo usamos.
Advertencia quinta
Del modo y arte que se á de tener con los halcones tomados tarde
Muchas vezes se toman tarde los neblíes çahareños y no queda tiempo para caçar con ellos por ser cerca de la muda, por lo qual el caçador por las mañanas frías del verano y tardes lo hará bolar los sisones y alcarabanes y ánades, y assí baya con él, ora caçando, ora dándole señuelo. También buele los martinetes, y quando el halcón comience a mudar y derrivar mucho de las alas y cola, traygasse en la mano, y súfrase quanto pudiere de no ponerlo en la muda, mas estando las plumas en sangre, entonces lo meta en ella, y esté [fol. 87v] quieto hasta acabar de mudar. El capirote (como ya dige) sea que no haga mal a los ojos, que muchas vezes mojándose se encoge y dobla, y descuidándose puede el halcón padezer disgusto, y cría nuves en los ojos. A las vezes se hinchan las manos por ser las piuelas apretadas, córtenlas y pongan otras como ya é dicho. Estando todo concertado, tenga sus cascabeles con buen sonido, que las ánades con ellos se quietan en las aguas, y si el halcón fuere bullicioso es bueno cargarlo dellos, de quatro hasta seis, y sean de buen tamaño porque andando el halcón perdido lo oigan los pastores del campo y se halle presto, el qual se buscará adonde se perdió rostro a viento, y trairá siempre capirote de resguardo para valerse, perdiendo el del halcón, porque no se baya abatiendo con la cabeça descubierta. No se le olvide gallina viva ni señuelo bien adereçado, y perdiéndose con el ave y hallándolo con ella en las manos se la quitarán, que entienda que no están contentos de lo qu’él hizo, y ay [fol. 88r] algunos tan sagazes que sintiendo gente se echan sobre la prissión para que no la vean, y si se hallare bolando y acudiere al señuelo le darán su gallina a degollar en él. No le quitarán los cascabeles al bullicioso hasta que esté quieto. No le dexarán crecer el pico tanto que no pueda el halcón comer porque demás de parecer mal, hiéndese y come resoplando, como que se cansa y se carga de agua, y quando lo cortaren sea con buen tiento, que no llegue a lo vivo. Las uñas traiga cortas, principalmente el altanero, y todos los demás no las corten. Trabaxen qu’el halcón buele por la mañana temprano, qu’es buena costumbre, porque entonces las aves menudas no parecen, ni las águilas, y tanbién buelan a la tarde, porque el neblí quiere que lo buelen dos vezes. Teniendo neblí que se aventage en la altanería y ande bien alto y redondo en la rivera, en la misma caça se sustente siempre, porque el día que lo hizieren garcero se hará perjudicioso. Y la belleça de la caça del halcón es que sea buen altanero, que garceros muchos halco[fol. 88v]nes lo son muy excelentes, y altanero famoso no se halla a menudo. Duerma el halcón en el aposento del caçador o de la persona que lo tuviere a cargo, porque soltándosele le acuda. Algunos caçadores los tienen sueltos, otros en las alcándaras, conforme a cada uno le parece. /Yo siempre lo tuve en la alcándara atado, con su guante debaxo de las manos o paño de color siendo invierno./ Quando el halcón tomare alguna buena ave como garça no le den luego a comer en ella, y desplume primero un poco y desenógesse, que comiendo con aquella cólera se calentará mucho, y más comiendo de aves montesinas, por lo qual le darán de comer después que se aya desenfadado desplumando, y no le consientan que beba de la sangre, que calienta mucho y haze al halcón sobervio, qu’el neblí de su naturaleza es bueno por su condición noble, esfuerço y atrevimiento, por lo qual conbiene se govierne templadamente, y sucediendo que algunas vezes no baxe con la furia que acostumbrava, entonces le den a comer de la ánade que [fol. 89r] tomare, en el pecho della, para que tome sabor, mas esto sea pocas vezes, salbo si el halcón fuere tivio y duro de hazer. Sucediendo qu’el halcón tome tal ave como graja o sisón contra la voluntad del caçador, se la quiten de las manos de modo que entienda él que no hizo bien, y le pondrán el capirote y lo dexarán estar assí gran rato. Algunas vezes le pueden dar de comer de carne de liebre fresca qu’es buena de dixerir y limpia el buche, y sea esto una vez en el mes, y no le den sangre della porque deseca al halcón y le da una enfermedad como la que llamamos nosotros asma.
Advertencia sexta
Que muestra el arte y preceto que se deve tener en el cebar los neblíes en las garças
Muchas vezes sucede que los halcones matan las garças sin treína, como sucedió al gavilán de quien hablé en su caça, porque acostumbrados a caçar aves pequeñas se pasan a otras mayores con facilidad. Si el halcón ve la [fol. 89v] garça y llega a ella y no la afierra, se abaxará de la carne y le darán hambre, y si con esto no apegare della, busquen halcón maestro que sea buen garcero, y quando el halcón fuere rindiendo la garça, quítenle el capirote y larguen el halcón [tímido], el qual se juntará con el maestro, y en la garça le darán que desplume, y déxenlo estar en ella, para que la conozca y désele el coraçón y las canillas y una pierna de gallina, y quando estubiere encima de la garça con aquella cólera, le dexen comer algunas picadas della. Esto de dar de comer en la garça no se hará nunca sino en esta ocasión, porque es viciosa y empacha mucho y tiene un olor grande de carne montés, y muchos halcones la dexan por eso. Después qu’el halcón ubiere comido en cinco o seis garças, matándolas ya sin maestro denodadamente, muéstrenle la garça esquiva, a la qual echen primero halcón que la remonte, y estando ya en buena altura lo larguen, que no es bien acostumbrarlo a que mate las garças en lo baxo. Quando lo largaren, sea pecho a viento, al contrario de las ánades, que las garças toman viento abaxo y queda siendo mejor lance encontrándose, y tenga [fol. 90r] cuenta que no lo largue en río grande donde no pueda el halcón ser socorrido, y el día qu’el halcón ubiere de bolar garça, llebe buena hambre, y baya descargado con cascabeles livianos, y no esté al sol, y si ubiere ánades u otras qualesquier aves, haga modo con que la garça quede y las ánades remonten, porque largando al halcón estando todas juntas, dexará él la garça y se irá a las ánades y se perderá el buelo de la garça, y si no las vieron antes de largar el halcón, trabaxe quanto fuere posible por no levantarlas, que ya entonces no ay otro remedio.
Teniendo ya el halcón a punto para treinarlo en la garça, y careciendo della, trabaxen por aver garça viva, y en ella le den a degollar algunas gallinas escondidamente por debaxo de las alas, y teniendo ya el halcón conocimiento della, lárguenla bolando en poca altura con los ojos cosidos y un pedacito de corcho metido en el pico porque no hiera al halcón, y su cordel delgado y recio atado en los çancos y en tierra limpia, porquél no se embarace, y la segunda vez largarán la garça [fol. 90v] con media vista, y la tercera con toda su vista, conforme el halcón mostrare voluntad, y para que la tenga, le harán buena hambre, como ya muchas vezes é dicho; entrando en ella con buenas alas irá el caçador a buscar la garça brava, y haga buen lance, y buele sobre tarde, y sea garça de morada, que son aquellas que siempre acostumbran alguna rivera o laguna, qu’el halcón hará su dever. Conviene que los caçadores tengan garças vivas para la enseñança de halcones, las quales viven muchos años metiéndoles la comida en la boca, que será carne sin sal y pececillos del río, y porque ellas tienen el pescueço muy largo, á de tener cuidado el que le diere de comer de llebarlo con la mano hasta el papo. Las piuelas que le ataren sean puestas por cima de las rodillas porque si por los pies las ponen, abatiéndose darán consigo en tierra y morirán muy presto. Tenga su capirote en la cabeça, bien avierto y vea por él, que la continuación de ver ellos quién les da de comer las haga amigas y domésticas. Yo tuve una deste modo y vivió muchos años, y vino a comer por sí y tomar de la mano lo que le davan. [fol. 91r] El marqués de Ferreira, don Francisco de Melo, grande señor en estos reynos, tiene muchas garças, martinetes, zambrallos, collareros, dorales y garçotas en una torre que tiene en sus casas en la ciudad de Évora, y en ella les mandó poner en lebrillos carne hecha pedacitos, que puedan ellas tragar. En su villa de Agua de Pezes tenía las mismas aves, y viven curadas assí, qu’este señor las tiene para que no le falten treínas.
Advertencia sétima
Que muestra cómo se haze el buelo del milano con gerifaltes y sacres
En los capítulos de gerifaltes y sacres dixe brevemente de su caça, mostrando más sus talles, plumages y faiciones que la enseñança en el caçar dellos, remitiéndolos, con todos los demás géneros de halcones, a la regla general de caça de neblíes por evitar prolixidad y huir de repetir las cosas muchas vezes, porque el caçador que viene a regir y governar los neblíes [fol. 91v] en todo, con todos los demás se sabrá entender, assí en la caça como en la enseñança dellos, aunque en la caça de los milanos, como se haze con halcones en compañía de gerifaltes y sacres, me pareció cosa conveniente mostrar cómo los pláticos caçadores los hazen amigos y buenos compañeros, y para ayudarse contra el villano milano, el qual en el bolar tiene agilidad y ligereça, y en el hurtar el cuerpo a los golpes de los halcones es mañoso y muy ligero, tanto que muchas vezes baxa el halcón cayendo a él para llebarlo en las manos, y el sagaz y ligeríssimo milano, hurtándole el cuerpo, queda el noble halcón en bano y burlado, muy lejos de lo que pretendía, y el milano mejorado en el altura, por lo qual son necesarios dos halcones compañeros, gerifaltes y sacres, y a las vezes tres sacres.
Esta bolatería es muy excelente, pueden bolar tres halcones, siendo buenos compañeros, dos milanos cada día, que son fáciles de hallar. Los halcones se hazen maestros en esta bolatería después de raeleros, dándoles de comer sobre los milanos y a degollar algunas gallinas del modo que arriba [fol. 92r] é dicho, escondidamente por debaxo de las alas, y quando tengan conocimiento del milano, le atarán sobre sus espaldas un pedaço de carne con arte que lo vea bien el halcón, y con ella largarán el milano atado por los çancos con un cordel delgado y recio y largo, y el pico baxo quebrado para que no ofenda al halcón mordiéndolo, y las presas también atadas a los çancos porque no hiera al halcón con las uñas , y assí lo largarán con los ojos cosidos. Yendo bolando en el aire baxo, largarán el halcón, quitándole el capirote después qu’el milano vaya bolando, porque como llevan los ojos cosidos van bolando a tiento, y son codiciosos. Y si el halcón apegare dél, le darán a comer de alguna ave viva de qu’él tome gusto y conforme apegare apegare [sic] le irán descossiendo los ojos al milano hasta largarlo con toda su vista.
Noten que no an de treinar los halcones tantas vezes en el milano que venga a conocimiento de las treínas, que será grande yerro.
Yo vi un sacre pollo que conocía de manera al milano que le echavan de mano, que aunque fuesse en mucha altura y con toda la vista, lo seguía solo [fol. 92v] y en compañía hasta aferrarse con él, y largándolo al bravo se estava quedo; y, enfadado dél, lo mandé atar a una estaca sin capirote y un milano junto dél, con las presas atadas a los pies, al qual mandava dar de comer y al halcón nada, teniendo el milano el pico baxo quebrado, porque si acaso el halcón se abraçasse con él no lo ofendiesse. Estuvo assí tres días, al quarto lo mató y comió obligado de la hambre, qu’ella haze maravillas, y deste modo comió tres, entonces lo mandé levantar y de allí a tres días lo largué en compañía de los maestros al milano bravo, y fue excelente torçuelo de milano. Este mismo caso aconteció a Blas de Escobar, caçador del conde de Medellín, con otro sacre. A estos, siendos pollos, les acontece más caer en esta ignorancia. Teniendo ya los halcones a punto, entrando cada uno en el milano en buena altura, largarán juntos a un milano solo, y cada uno apretará las alas para aferrar primero dél, y si ambos vinieren apegados en el milano, como cada uno por sí sólo de antes hazía, se dexará al que á de quedar con el [fol. 93r] milano aferrado en él, y del otro assirá el caçador por la cabeça, tirando con arte, para que largue las manos de donde las tiene pegadas, y le echarán una gallina atada por los pies, de la qual quitarán una pechuga embuelta en su sangre, y le darán a comer assí caliente al que está con la presa, quedando el otro en la gallina, de la qual quitarán el coraçón y entrañas, y lo darán al que está con el milano, y las canillas y el coraçón del mismo milano, y le harán todos los agasajos posibles, y assí procederán largando siempre al que á de quedar con el milano, y a los otros una vez unos y otros otra. A los halcones que uvieren de quedar de fuera cortará el caçador las uñas y las hará romas por evitar los daños que se pueden seguir pillándose, porque assí se acude a dos males, que aunque se pillen no se maltratan ni se hieren, lo qual puede suceder llevando las uñas grandes y agudas; el otro mal es que estando los halcones con mucha hambre, tragones, mezquinos y aplicadores, que quando [fol. 93v] comen afierran de la carne y guante del caçador, y queriéndoles desaferrar de donde lo están, teniendo las uñas grandes y agudas, acontece arrancarse en todo o en parte, y trayéndolas romas se evitan desastres, y es consejo del marqués de Ferreira, don Francisco de Melo, que en la caça tiene grande voto y es excelente caçador.
Estando ya los halcones amigos y compañeros, los quales a pocos lances saben quál á de quedar con la prisión y quál aguardar por la gallina, el de la prisión se abraça con el milano y afierra dél y lo tiene estrañamente preso. Yo tuve un sacre mudado del aire, halcón muy grande y por tal lo dexava siempre con el milano. Este, todos los que tomava, los aferrava con una de las manos en la cabeça y con la otra o una de las manos del milano o ambas, porque no lo mordiesse o arañasse, y puesto que al principio no están tan diestros, basta que afierren del milano todos, y lo traigan a tierra, aunque vengan juntos, que a eso se acude con diligencia y gallinas. Yo tube un sacre [fol. 94r] a quien llamavan Lugo, prima mudado del aire, el qual prendía al milano en buena altura y lo traía agarrado hasta entregarlo a aquel que estava acostumbrado a quedar con la prisión, y muchas vezes sin apegar del milano venía cayendo sobre él, deteniéndose hasta metérselo debaxo, y al lance de aquel que lo avía de llebar en las manos. Este, aunque aferrasse de la prisión, siempre quedava a medio aire, deteniéndose hasta entregarlo al amigo, y quedava aguardando por la gallina. Estando ya los halcones en orden para poderlos cebar en el milano bravo, buscará el caçador para ello aquel que biniere más mezquino torçuelo y pollo y mal cubierto de pluma. En estos los cebarán hasta quatro vezes solamente, que ya entonces están seguros y pueden bolar el milano viejo grande y ruvio y rabiahorcado, que estos estiman los señores que prendan sus halcones y maten, y es buelo de mucho pasatiempo y aventajado de la garça por la facilidad con que [fol. 94v] se hallan, y aviendo halcones maestros pueden bolar cada día dos con tres halcones, como ya dixe, y yo ya lo é hecho con tres sacres.
El día antes que uvieren de bolar darán a los halcones un coraçón deshecho en agua tivia, y a la noche una plumada de estopa sin otra cosa alguna, que los sacres son halcones muy calientes y duros y de qualquier cosa se sustentan, aunque no ay regla sin excepción, que algunos ay donceles y blandos y bien acondicionados. En el ingenio del caçador está la elección de lo que se á de hazer a cada uno, mas a los sacres conviene se les dé siempre el día antes de bolar su lavado, y dél poco y muy deshecho en agua tivia.
Pedro de Vesilla, caçador que fue del infante don Luis, hijo del rey don Manuel, y grande caçador de sacres, acostumbrava siempre traer en la bolsa agüigenillas redondas, muy lisas, del tamaño de las plumadas que dava a los sacres en lugar dellas. Jamás lo acostumbré ni lo vi hazer a mi padre más que dar [fol. 95r] su labado deshecho en agua tivia, y a algunos halcones hazía meter la cabeza hasta los ojos en ella para que tomassen la carne del suelo del baso donde se la dava; y a las vezes poco deste labado y plumadas de estopas secas. Con otros se avía más acomodadamente.
El halcón que acostumbra a quedar con el milano, al principio lo regía como a los demás, y por quedar él con el milano apretava con él. Vino este a mostrar tanta nobleça de condición, que me atreví a bolar con él sin templallo, y entonces lo hazía mejor, aunque cada día bolase con él dos y tres milanos. Esto de templar está en la prudencia del caçador, pueden con un solo milano treinar los halcones muchas vezes curando dél, metiéndole la comida en la boca, y porque no muerda a quien assí le diere de comer le tendrán el pico baxo quebrado, que aunque apriete el dedo, no muerda, y no por eso se muere teniendo cuidado dél. Tenga las manos libres para que pueda estar en pie. [fol. 95v]
Para esta bolatería tiene el caçador necesidad de búho manso, que buele bien, enseñado al puesto, el qual, demás de servir para tomar los milanos para las treínas y todas las demás aves de rapiña con armadillas, es muy necesario para baxar los milanos, y si pudieren largar los halcones a ellos con faición y lance. El búho se largará en el lugar más baxo de donde se hallare el milano, en valle, para que queden los caçadores que an de largar los halcones mejorados y, si pudiere ser que vean los caçadores la espalda dél baxando al búho, es lance seguro, lo qual se usará en quanto los halcones no son maestros. Y porque el milano no deciende con tanta cólera como las otras aves de rapiña, y viene baxando con vueltas espaciosas, entonces elija el caçador el tiempo de hazer su lance, largando los halcones pecho a viento, y siendo caso qu’el viento esté con el sol, no lo largarán, teniendo los halcones el rostro en él porque con la claridad del sol se les embaraça la vista y se desbanecen, que no saben a qué los largan, como ya los é visto. [fol. 96r]
Advertencia otava
Que enseña a los halcones a caçar liebres
Todos los halcones apetecen las liebres, las quales tienen un no sé qué que hasta los gavilanes las acometen y todas las aves de rapiña las codician, y muchos halcones sin treína las persiguen. Algunos caçadores, deseosos de tomar placer con este pasatiempo y bolatería, enseñan sus halcones a que las cacen y los treinan en sus pieles llenas de alguna cosa, dándole de comer al principio encima de la piel assí llena, hasta qu’el halcón la conozca echándola de la mano, fingiéndola viva y, teniendo ellos ya conocimiento, le aten un cordel al pescueço, tirando por el cordel fingiéndola viva y corriendo un moço por el campo limpio, y sin cardos y matas. El halcón, ya acostumbrado a comer en ella, en viéndola buela a aferrarla del pellejo, la qual baya encarnada llebando encima pedaços de carne atados. Aferrando el halcón della, le dan de comer meneando la muerta piel como si estuviesse viva, y esto hazen tantas vezes hasta que va de quan lejos la ve, y deste modo proceden hasta que esté apto para [fol. 96v] largarlo a la liebre viva. Para esta caça son muy apacibles los alfaneques, y siendo dos en compañía muy estimados por la bolatería y golpear que hazen. Mas assí estos como todos los demás tienen necesidad de socorro. Acuérdome que hablando de los gerifaltes dixe que algunos matavan las garças sin treínas. Miguel Pérez, caçador del marqués de Ferreira, yendo con un gerifale del almirante de Castilla a caça de liebres (porque ellos en aquella bolatería pierden las cosquillas de las manos y cobran aliento, la exercitan los caçadores práticos), andando en el campo acaso atravesó una garça a medio aire, y la vieron unos compañeros y gritaron a Pérez, el qual llebava el gerifalte en la mano; pareciéndole que le abisavan de alguna liebre, dio priessa al caballo para mejorarse desde un alto, quitando el capirote al halcón, el qual puso el rostro en la garça y lo largó el caçador a ella. El halcón, como si estuviera acostumbrado a ellas, la llebó en las manos sin jamás averlo treinado en garça que fuesse viva. Yo maté los milanos con [fol. 97r] un sacre sin treína. Este, andando con una garça bien alta, acertó a passar por baxo dél un milano bolando a lo largo, el qual se recogía para la dormida. Decindió a él el sacre dexando la garça, y lo llebó en las manos, y fue excelente garcero y milanero. Este mismo sacre hizo otra fiuza: viniendo el prior de Crato, hijo del infante don Luis, de quien el sacre era, de ver dar señuelo a unos halcones, acertó a pasar una cigüeña a su nido. Mi padre, que llebava el halcón en la mano, sin dezir nada a los de la compañía, quitó el capirote al sacre, que puso el rostro en la cigüeña, y lo largó, y en pocos lances la trajo a tierra. Fue el hecho no pensado muy festejado del prior. Entonces, me dixo mi padre por dotrina: "Yo tengo fama de grande caçador, y mis aves lo mismo, por andar siempre en el campo y mostrarles todo, que las aves tienen unas oras mejores que otras, como todas las cosas". [fol. 97v]
Del estruche y de las cosas necesarias de las quales el caçador estará apercebido
En el estruche á de tener el caçador tixeras y punçón para hazer piuelas y lonjas a sus aves y para trasquilar las plumas de las heridas y cortar las que se uvieren de enxerir; y tenaças para cortar las uñas y pico a los halcones; cuchillo para aparar las nabajas, y pico y lima para perficionarlo; despinças para quitar las cosas estrañas de las heridas; cañuto para las agujas de enxerir de dos puntas; botón de fuego para las postemas; espátula para estender los ungüentos. El caçador apercebido assí, siendo prudente, podrá aplicar los remedios y alcançará la salud que desea a sus aves, aunque ni siempre se alcance el fin deseado porque no está en manos del médico que siempre sane su enfermo, que muchas vezes el mal puede más qu’el arte.
Siempre trairá capirote sobresaliente de todas las suertes de halcones, y no pondrá el capi[fol. 98r]rote del halcón en el açor, ni el que fuere de prima en el torçuelo, ni al contrario, porque siendo el capirote grande si se sacudiese o coceare lo despedirá fuera de la cabeça y se espantará el halcón viendo las cosas que no acostumbra, y siendo pequeño el del torçuelo, el halcón prima se escandaliçará de que le esté apretado, y se asombrará y no podrá el caçador hazer dél cosa que buena sea. Y tengo por acertado dexarlo sin capirote hasta que lo aya, y traerlo con resguardo teniéndolo en parte quieta y sin gente y entre las otras aves domésticas, porque con las aves se asegurará aunque sea çahareño. Y el caçador no será culpado si se escandaliçare, pues no erró en más que en faltarle el capirote, por lo qual tendrá muchos para las aves todas de qualquier género que sean, y piuelas, y cascabeles, y lonjas porque el caçador que destas cosas estuviere desapercebido, no se puede llamar prático en este arte, y aunque todos no lo pueden todo, el que fuere aficionado a la caça de gavilán, baste tener lo necesario para los gavilanes, y de la misma condición y modo se abrá cada qual con el género de aves con que caçare. [fol. 98v]
Edición de Beatriz TOURON TORRADO
Creación / última revisión: 08.06.2012