Textos clásicos


Diogo Fernandes Ferreira

Arte da caça de altaneria

Sesta parte

Que trata de la peregrinación de las aves en general

Hasta aquí traté de las aves de rapiña y brevemente dixe cómo los italianos y franceses llaman a los halcones neblíes peregrinos; la causa de la peregrinación dellos y de todas las aves se dirá en esta sexta parte, en la qual declararé la caussa por qué las aves del norte se salen de sus patrias peregrinando por tierras y regiones estrañas y en qué tiempo lo hazen y en quál se recogen a sus tierras de donde vinieron para criar en ellas sus hijos. Mostraré tanbién cómo las nuestras de España hazen lo mismo, y quales sean las campesinas y silvestres, y la diferencia que tienen unas de otras, así en la criança de los hijos como en la conservación de su generación, y la orden que tiene cada suerte en el govierno de su vida dado de la naturaleça, y tanbién se dirá de las aves naturales, que no peregrinan, las quales en la tierra donde nacen [fol. 172r] allí moran, sufriendo las calamidades y injurias del tiempo, de algunas haré mención en capítulos diferentes.

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Capítulo primero

De la peregrinación de las aves del norte

Dios nuestro señor dio a todas las criaturas su distinto natural para governarse por orden de la naturaleça y modo de vivir, buscando remedio a la vida para la conservación del género de cada una dellas, lo qual se ve bien claro en las aves de rapiña, cuya morada es la Noruega, Suevia y otras partes del norte donde los halcones neblíes, gerifaltes, sacres y baharíes crían sus hijos y otras muchas aves que passan a estas partes, entre las quales viene alguna de notable grandeça a nuestra España, Francia y Italia, y aun a las partes de áfrica: son tantos los miles de millares de aves que passan a estas partes que escurecen las muchas de nuestra Europa, en cuya compañía vienen los neblíes y baharíes, los quales se vienen cevando en la compañía destas aves, y [fol. 172v] por andar en este pasaxe y peregrinación todos los años, les llaman los franceses y italianos halcones peregrinos, y se reparten por muchas partes de Francia y Italia; los que en este reyno quedan son muy estimados, aquellos que se toman en el campo de Santarén y Coinbra, y los que en Castilla, en las marismas de Sevilla, porque en estas partes se ceban con aves grandes, y de diferentes colores; tanbién se an visto en el campo de évora ciudad y Veja, en este reyno, y en Olmedo en Castilla, estos no son tan alavados porque muchas veces se ceban en palomas y zorçales, y se toman en muchas partes con armadillas; los que se tienen por mejores son los del campo de Santarén y Coinbra y marismas de Sevilla, porque se ceban en las aves de mucha grandeça; los gerifaltes y sacres no son vistos en esta peregrinación, y no me puedo persuadir se queden en las tierras donde [de] antes se mantenían de las aves, quedando vacías dellas, aunque algunos gran[fol. 173r]des caçadores tienen opinión que los sacres se mantienen de animales mortecinos, como los milanos en España, y cuerbos, passe esto en estos halcones, mas los gerifaltes parece ser lo contrario de la experiencia, los quales se deven tanbién de salir. Algunas veces se an tomado en naos como este año de 1614 se tomó uno en una nao flamenca, el qual el maestre lo presentó al duque de Avero y él lo enbió a Su Magestad; en la costa del Brasil se tomó otro, el qual se dio al infante don Luis, hijo del rey don Manuel, y era tan blanco como una paloma. En la isla de Layrón se tomó otro gerifalte blanco zahareño tenido por gran maravilla, así lo certifica Pedro López de Ayala, el qual ofrecieron al rey Zacharía de Francia, y lo tubo por estado sin hazer nada con él, y como los sacres y gerifaltes sean halcones grandes y pesados no pueden seguir volando en compañía de las aves en que se ceban los neblíes, por no ser de tanto aliento, y dévense quedar por essas islas donde inviernan, por [fol. 173v] lo qual no se an visto por estas nuestras provincias. Todas estas aves del norte que passan a estas partes se vuelven a recoger desde febrero hasta el fin de março, y si algunas garças o marinetes quedan es la caussa alguna enfermedad. De las que en este pasage andan de notable grandeça diré en capítulos divididos.

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Capítulo segundo

De los tordos y estorninos

Así como de las partes del norte vienen a invernar las aves dél a nuestras comarcas, lo hazen los tordos y torçales, los quales vienen de las partes del sur a nuestras aceitunas. Los torçales crían en la isla del Faial y Tercera, los tordos en áfrica, como pareçe de un adagio, y es que volviéndose ellos para el áfrica encontraron las golondrinas que venían, ellas les dixeron: "¿De dónde venís, locos, que fuisteis muchos y volvéis pocos?". "¿A dónde vais juntas, que vais pocas y tornáis muchas?". Los tordos se toman en estas partes con armadillas [fol. 174r] y son gustossos de comer y gordos, lo que no tienen los zorçales, que son flacos y duros, y vienen grandes vandas a nuestras aceitunas, hazen compañía con las palomas, y se agasajan de noche con ellas en los palomares. En uno que yo tengo en la Cuba se tomaron en una noche quatrocientas y ochenta, tapando las ventanillas del palomar con mantas, y con una luz puesta a un lado junto a algunas personas, con una caña hurgando al palomar, ellos se van a la claridad y los toman a mano, no haziendo las palomas ningún movimiento de sí, son aves que hazen daño en las aceitunas, por ser muchos; los gavilanes y halcones se ceban dellos, en apuntando el verano se vuelven, quedando algunos que acá crían con nombre de estorninos, en los quales no ay diferencia; los curiosos los crían desde pequeños, y los tienen en jaulas porque algunos dellos hablan estrañamente. Una monja en Badaxoz tubo uno grande, chocarrero y hablador, el qual se le huyó en el tiempo del celo, y se juntó [fol. 174v] con otros brabos, acaso lo tomaron con otros en una red, estando él assí enredado, viendo que el caçador matava los que sacaba della le dixo "no me mates, que soy de la abadessa de tal monasterio"; el caçador, alegre con la presa, enbió recado a la señora del páxaro que tenía un negocio de importancia que tratar con ella, vino y diciéndole el caçador si daría albricias a quien le diesse nuebas de su estornino, ella las prometió; en la voz conoció el demonio del páxaro a la señora que lo avía criado, y le habló diciendo "señora, aquí estoy" . Tomólo ella en la mano, riñóle diciéndole "¿porqué me hiciste de hiel y te fuiste?", a que él respondió "señora, estos amores echan a perder la gente". Don Enrique, señor de las Alcaçovas, crió un cernícalo de rama en su cassa, el qual vivió veinte y ocho años, y todos en el tiempo de criar los hijos se iba con los brabos, y en el campo los criaba, y si le faltaba la comida para ellos la venía a buscar a cassa de sus amos, y en teniendo los hijos criados se tornaba a cassa, donde estaba tan [fol. 175r] quieto y doméstico como si nunca ubiera tenido compañía con los brabos.

El rey don Juan el tercero, hablando con don Enrique cuyo era el cernícalo, le contó que él avía enbiado al emperador Carlos V un papagaio que hablaba y respondía a propósito; el páxaro, viéndose entre gente que no conocía y por más que el emperador le preguntaba, no le respondía; mandó llamar al honbre que lo avía llevado, y le dixo, "el rey, mi señor, me escribió maravillas deste papagayo, preguntalde quál es la raçón por que no habla"; Juan Fernández (que así se llamaba el honbre que lo llevó) le preguntó quál era la caussa por qué delante de Su Magestad no hablava, a lo qual respondió el papagaio "Juan Fernández, no me entiendo con esta gente".

Así como estas que muestran hablando que se entiende, de la misma manera podemos colegir entenderse unas a otras.

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Capítulo tercero

De las grullas

Son las grullas aves grandes, de cuerpo exceden [fol.175v] en la grandeça dél a todas las aves que pasan a estas partes, tienen las piernas y pescueço y pico muy largos, puestas en pie con la cabeça enhiesta serán del altura de un honbre de buena estatura, las plumas de que tienen cubierto el cuerpo son de color açul claro, y en las alas y cabeça algunas plumas negras: crían en la India oriental, en las playas y orillas del río Indo, del qual tomó el nonbre toda la India. Los reyes y señores de aquellas partes no las matan, antes castigan con grandes penas a todos los que les hacen mal porque contratan [con] las plumas que mudan cada año por mucho dinero; la caussa deste contrato son los martinetes, que los reyes y grandes señores y las princesas del mundo traen en las gorras y tocados y encima de sus cabeças por gallardía; los quales los tratantes allegan de las plumas que las grullas mudan todos los años. Estas y otras que crían en otras partes passan de invierno a toda Europa, y el mar en áfrica, recógense a criar a donde les coge el fin de febrero, la [fol.176r] caussa desta peregrinación y pasage de cada año es la falta de las yerbas y semillas de las quales se sustentan, por caussa de las grandes niebes que les cubren las tierras y el pasto de que se mantienen, y así, forçadas de la hanbre, andan en esta peregrinación buscando de qué sustentar la vida en aquellas partes donde aya yerbas y semillas que coman. Ovidio, que en la invención de las fábulas haze ventaxa a todos los poetas, cuenta destas grullas una famossa, por ser de abes de caça de nuestros halcones la escribo y es bien sepa el caçador algunas dellas para entretenimiento de la caça en quanto no se haze volatería. Dice él que Pigmea era reyna y tubo conpetencia con Juno, mujer de Júpiter, el qual, estomagado della, la convirtió en grulla, y que en pena de su atrevimiento no le obedeciessen jamás los pigmeos, sus vassallos. Plinio dice que estos pigmeos son muy pequeños de cuerpo y que de alto son de dos pies y un quarto, los quales se arman con arco y flechas, caballeros encima de cabras y carneros, y así armados cada tres mes[fol. 176v]ses entran en batalla campal con las grullas y que de las plumas y güessos destas aves fabrican sus cassas, desto sea lo que fuere. Pedro López de Ayala, en el tratado que hizo de caça de halcón, dice que quando las grullas se buelben toman tierra en el reyno de Babilonia, en algunas partes en las quales los señores dellas las van a aguardar al passo con halcones, los quales llevan los alemanes por contrato, y tanto dan por el que llega muerto como por el vivo, para estar así probeídos para este passatiempo que dura un mes, como el passo de nuestros paxarillos, quando se recogen a invernar a áfrica, que se juntan en el cabo de Espichel, y en Cascais con cierto viento suenan, y en corriendo norte se passan: desto trataré adelante en su caça, que se haze con los gavilanes. Algunos escritores diçen que estas aves duermen con una piedra en la mano, y la tienen levantada, y están sobre un solo pie para estar assí en mayor vela; díganme cómo lo saven, y quién las vio, que lo que yo sé de todas las aves de rapiña, y de [fol. 177r] las garças y patas brabas y ortegas que quando quieren dormir sueño suelto y descuidado encogen una de las manos y la ponen a lo largo del pecho metida por entre las plumas, y tuercen la cabeça por detrás de la espalda, y la meten por entre las plumas de las alas para tener el rostro caliente, y se cargan sobre un solo pie, y deste modo duermen descansados. Vulgarmente dicen que aquellos que comen carne de grulla no mueren aquel año. Ay desta carne tan poca que lo deven de decir de burla, que las grullas no son tan buenas de caçar, que son aves cautelossas, las quales, con tener sus dormidas ciertas, porque no las vean los honbres, bienen a ellas muy tarde, las quales ellas tienen y escogen junto de algunas riveras yermas y de grandes lagos y lagunas famossas de agua y en campiñas rassas, limpias de árboles y matas, y oy no ai caçadores de halcón tan astutos y savios que con ellos los caçen como en el tiempo del rey don Fernando, que Pedro López dice dél, en el mismo tratado, que tenía cien halcones grulleros, ciento garçeros y otros [Fol. 177v] ciento altaneros, y de tantos oy dónde hallaremos uno. Tanbién quieren que si una destas grullas se canssa la llevan las otras a cuestas, son muy pessadas, nació esto que como ellas vuelan en hileras, unas en pos de otras, quando se allegan mucho que se encubre la claridad de entre ellas, les parece que puede ser lo que dicen los que quieren escrebir de las aves estando debaxo de texados sin verlas ni tratarlas.

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Capítulo quarto

De las garzas

Garças son aves peregrinas, passan a estas partes muchos millares dellas a tener el inbierno fuera de las regiones a donde moran el verano y crían sus hijos, que son essos lagos, islas y ríos y desiertos debaxo del norte; de su pasage traté en al capítulo primero deste tratado, que son las niebes que les quajan los ríos y lagunas donde ellas pescan su mantenimiento. Son aves grandes de cuerpo, muy altas de piernas, y pico y pescueço largo, y tienen muy estendidas las alas, puestas en pie derechas darán por los pe[fol. 178r]chos a qualquier persona, tienen poca carne por lo qual son ligeras en su vuelo, mas gordas, cuya gordura y enjundias metidas en su buche, esto cerrado al aire y humo, es muy excelente remedio para frialdades, principalmente las ciáticas de humor frío; las plumas de que se cubren son de color azul claro, tienen los ojos graciosos que tiran a la misma color que las plumas, es pájaro grave, bien hecho, su buelo es estimado de los príncipes, por ser ave bella; su propio nombre es garça real, porque hay otras a quien llaman garças rubias porque son bien semexantes a las reales en la faición y talle, pero son de color rubia en las plumas de que están cubiertas, de la caça destas no se haze tanto casso, que sson aves mezquinas, las reales son /al cariño y abe propia/ de los halcones de fama, porque estos las van a prender dentro de las nubes casi perdidas de vista, las quales quando vienen a estas partes pasan juntas, y después de llegadas se apartan buscando ríos caudalosos, y riberas yermas, y grandes lagos y lagunas famosas [fol. 178v] y lugares húmedos enpantanados y marismas i islas de ríos en las quales puedan hallar de qué sustentarse y comer; en las grandes crecientes de ríos caudalossos se passan a los menores, donde paran, un día se están aguardando que se les ofrezca la anguilla, culebra o ratón, rana o pececillo, y otras savandijas del agua que coman, y así cada una por sí busca su mantenimiento, lo que no hazen las aves que se mantienen de semillas i yerbas que andan juntas, y así andan hasta fin de febrero, que se recogen, aunque algunas se quedan por flacas, y algunos martinentes, lo qual se save porque así los caçadores matan algunas destas aves no tienen más que la pluma de flacas, y por no atreverse a bolar aquella distancia de tiempo vastante hasta llegar a la parte de adonde vinieron, quedan y crían algunas de ellas en los lugares enpantanados como en los de Almerín, donde crían nuestros martinetes y zanbrallos y collareros, garçotas y dorales y perotas, aves que parece averse criado para la caça real de los reyes y grandes señores [fol. 179r] del mundo, porque en el talle y hermosura hazen ventaja a todas las otras aves, las quales parece averlas criado Dios nuestro señor para este pasatiempo, y los grandes se entretienen, sin estar ociossos, y puesto que ellas a la vista se aventajan en la hermosura y hechura y color de las plumas de las demás aves, no son gustossas de comer, porque la carne dellas güele a monte, y tanto que hasta los halcones se vienen a enfadar si les dan sienpre a comer de su carne, y las desechan, por lo qual no las quieren ver. Los grandes caçadores, práticos desta arte de caça, aunque sus halcones hagan maravillas en matarlas, les dan gallina escondida por debaxo de las alas, y della el coraçón y cañillas, y a desplumar en quanto ellos están con esta cólera, que la gallina no altera ni enfada aunque no todos las desechan por esso: mas lo mejor y más seguro es darles gallina. Todos los reyes y príncipes del mundo se entretienen con este pasatiempo.

Ulixes, que fue el primer inventor desta caça, la exercitó por evitar y aliviar la pena que le dava la memoria de la muerte de sus parientes y [fol. 179v] príncipes, sus amigos, que en el cerco de la ciudad de Troya acabaron; como astuto y prudente que era, buscó este modo de pasatiempo, el qual impide cuidados pesados y tristes, y haze a los honbres ardidos para la guerra, porque la naturaleça a todas las criaturas dio su instinto natural para ofender y defenderse de sus enemigos, por la qual raçón los reyes tienen esta caça, y son amigos della, como siempre fueron los antepasados nuestros, dexando aparte los que no conocí.

El infante don Luis, hijo del rey don Manuel, hermano del rey don Juan tercero, príncipe de altos pensamientos, fue muy grande caçador de halcón, y tubo en su servicio ochenta caçadores asalariados, muchos dellos estrangeros, muy práticos en esta arte; en el palacio y casa donde estava tenía halcones y los dava a cargo a sus pages de cámara, de los quales yo conocí algunos muy nobles, y cada caçador tenía a su cargo dos o tres halcones. Mi padre, Pedro de Herrera (que tanbién lo servía [fol. 180r] de su page de cámara) fue excelente en esta arte y después de la muerte deste príncipe sirvió al señor don Antonio, prior de Crato, hijo natural deste príncipe, el qual, siguiendo las pisadas y pensamientos del padre, tubo muy redonda caça de halcones garceros y milaneros y altaneros y gavilanes y açores y fue honbre de altos pensamientos que costaron harto a la nación portuguessa. Este señor, cuyo page yo era y servía en esta caça, me señalava por averme criado en ella desde niño y me era aficionado, lo qual dexo por volar una garça, pues dellas es este capítulo.

Saliendo mi amo a caça de la villa de Montouto anexa a su priorato, la qual fue él a visitar acompañado solamente de los caçadores, aviendo volado el milano y muerto dos pares de ánades con los halcones altaneros y con los gavilanes, urracas y verderones, ya casi el sol puesto, hallamos una garça, su caçador mayor le metió un sacre en la mano, y le dixo "mate Vuestra Excelencia esta garça"; él, que era bien ingeniosso, largó el sacre, [fol. 180v] el qual la rindió en el mismo lago donde se levantó; algunos de los caçadores se lançaron al lago por averse levantado la garça antes que el halcón se sentasse en tierra, la qual salió del agua por aquella parte donde el señor don Antonio estava, y por falta de viento y por no hazer pie en la tierra no se pudo levantar, y así baxa fue volando por aquella parte donde este señor estava, quien la siguió con el caballo, que era gran corredor, y la alcanzó y llebó en las manos, menos alta qu’el señor a caballo, y fue festexado el casso del príncipe, y no consintió se le entregasse al halcón, y me hizo cargo della; al halcón hizieron papo de una gallina; estando ya el sol /puesto del todo/, dixo el caçador mayor "haga Vuestra Excelencia como yo hiciere", tomó la posta, a quien todos siguieron, y llegaron en breve a la villa aunque distava dos leguas, donde estavan los suyos aguardando con la mesa puesta, tratando en la cena del pasatiempo de aquel día con los nobles que lo servían, y volviendo el rostro a su caçador mayor dixo: "Bien podré yo a[fol. 180v]gora ganar de comer por caçador". Pedro Ferreira, a quien se hizo la pregunta, respondió muy bien: "Que tiene Vuestra Excelencia muy buen ingenio", y siempre de semejantes respuestas nacen otras; preguntó de nuevo: "¿Qué cosa es ingenio?"; el caçador, turbado, dixo: "Ingenio diría yo que es hazer aquello que biesse hazer a otro, y acrecentar algo". Mi padre, a quien la pregunta se hizo, acabada la cena vino a mí, questava dando orden a los halcones, y me dijo: "Hijo, vengo muerto, que me preguntó tu amo que qué cosa era ingenio". Contado el caso le dixe: "La respuesta que Vuestra Merced dio no fue de caçador de aves de campo sino de cortesano sapientíssimo, porque ingenio, según dicen los estoicos, es un ábito en el prudente y experto inventor de lo que deve haçer; otros dicen que es una fuerça de ánimo con que inventamos lo que no nos enseñaron; los peripatéticos dicen ser una potencia naturalmente unida en los ánimos que estriva en sus fuerças; yo, que es invención nacida de la memoria y entendimiento, hallada para perfeción de algu[fol. 181v]na cossa que se aya de hazer".

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Capítulo quinto

De los cisnes

Cisnes son aves estrangeras en la hechura de las manos, çancos, alas, pescueço y pico, bien semejantes a nuestras patas mansas, son tanbién amigos de las aguas, difieren en el color, porque los cisnes son blancos como la niebe, dellos dice Penéope en una Epístola de Obidio a Eneas, que quando sienten se llega el último día de su vida se echan sobre las yerbas húmedas y encima dellas, sintiendo la muerte, cantan dulcíssimamente. Son treína de los halcones neblíes y gerifaltes, los quales los halcones prenden y caçan por industria de caçadores y muchos dellos apetecen por su naturaleça lo blanco. Destas aves cuenta Obidio una fábula: Júpiter, llevado del deseo de Leda, muger de Daro, rey de Lacedemonia, hija de Tito, ordenó una trama; fingiéndose cisne y que lo perseguía un águila, y por escapar de las uñas della, se acogió a los palacios [fol. 182r] de Leda buscando su fabor y amparo y que el águila no lo matasse, y así volando y atemoriçado buscó la persona de la reyna; ella, viendo la persecución del águila y el miedo que el cisne fingido mostava, lo amparó y defendió y aun recogió en su casa viendo la hermosura dél y blancura de sus plumas, que eran como niebe claras, y le mostró quedar aficionada, y de allí adelante tubo cuidado dél, que era lo que Júpiter deseava, y así consiguió su deseo, y de anbos nacieron dos príncipes, Cástor y Pólux, de los quales dice Diodoro Siculo en su Biblioteca que fueron reyes muy poderosos en las partes de Tracia; son los cisnes aves con las quales los señores huelgan y los tienen en sus jardines como oy se ven en el de don Francisco de Faro.

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Capítulo sesto

Del ave ema o abestruz y de su caza

Ema es pájaro grande de cuerpo, que por otro nonbre se llama abestruz, pocas veces vista en este reyno, crían en áfrica en el reino de Marrue[fol. 182v]cos y en el de Sus. Son las mayores de todas las que yo sé, son de color pardas, en los paños de armar se muestran tan naturales que parecen vivas; estas, sin estar sobre los güebos ni enllocarse, sin buscarles de comer a los hijos para que se críen y sustenten, les dio la naturaleça esta orden: los güebos que ponen no los ponen juntos, mas apartados algún tanto unos de otros en hilera, y después que tienen puestos los güebos de que an de nacer los hijos, ponen otros de frente de aquellos, de unos nacen los hijos, los quales en naciendo se van a los otros güebos, y con el pico los abren y comen hasta que tienen fuerças para buscar de comer, y por poner estas aves los güebos apartados unos de otros, imaginan los honbres que los empollan con los ojos y que vasta la vista para engendrar dentro los hijos; probeyó la naturaleça a estas aves de arte que buscassen tierra y región tan templada y caliente que el calor del sol y della fuesse vastante para engendrarse los hijos, y [fol. 183r] lo mismo acontece a las tortugas que se crían en el mar, las quales no paren hijos sino güebos y porque ellas se crían en el mar sálense fuera dél, y ponen los güebos en tierra, no tan lejos del agua que los hijos que salieren de los güebos no atinen donde viven sus madres, que es el mar, las quales vuscan la tierra templada y caliente, y tal que ni el mucho calor los ase y queme, ni la frialdad de las aguas los yele, que la divina providencia así probeyó a sus criaturas, porque las tortugas si se pusiessen sobre los güebos los quebrarían, y si en las aguas, con las agitaciones dellas, se perderían todos. Tornando a nuestras aves, los moros africanos, nuestros vecinos, las caçan en las grandes calmas y en su caça toman grande pasatiempo; el día que quieren salir a ellas no dan de comer a los caballos más que por la mañana de beber, y así los tienen hasta el mediodía, y cabalgando ban en busca destas aves, y en viéndolas van tras dellas, y llebando un pedaço de palo en la mano, y a corso las per[fol. 183v]siguen con los caballos, dándoles de palos si las alcançan, las quales, ya corriendo por la tierra, ya volando por el aire, trabaxan por escapar, y siendo muy perseguidas a las veces se buelben con los pies y picos contra los caballeros hasta dar la obediencia o quedar muertas a puros palos. Son los moros africanos grandes caçadores de halcón, principalmente los alarbes, los quales se tienen por más nobles, y muchas veces hazen guerra a los xarifes no queriéndoles pagar el tributo, porque dicen ser los honbres libres y que no an de obedecer a otros; estos traen la lança en la mano derecha y la adarga en la izquierda y en halcón en el honbro andando en la guerra, y lo tienen por grande honrra y insignia de nobleça y caballería; los halcones neblíes, sacres y gerifaltes y baharíes entre estos africanos guardan el mismo nonbre. A mí me aconteció viniendo de caça, y dos hermanos míos, cada uno con su halcón, trayendo una garça muerta de aquel día, alcançarnos un moro que fue el que entregó a Arcilla al rey [fol. 184r] don Sebastián, biniendo bien acompañado (cuyo nonbre era Cidimuça, entre estos bárbaros noble y rico), el qual se passó a este reyno con su muger y hijos. Cide Albequerín, su yerno, me preguntó cúyos eran los halcones, porque en aquel tiempo éramos todos de poca hedad, a quien yo respondí que eran de la Magestad Real. Preguntóme Albiquirín quánto dábamos al rey por dexarnos caçar con ellos, a que respondí que antes nos dava él los caballos en que andábamos, y de comer a nosotros y a los halcones, y nos casaba nuestros hijos, y si en su servicio algún caçador moría, de comer a su muger. Dixo el moro "yo os tengo por más nobles que a todos los caballeros del mundo, porque la honrra deste pasatiempo real se deve estimar más que todo el dinero de la tierra, porque nosotros lo tenemos por honroso y noble".

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Capítulo sétimo

De las zigüeñas

Las cigüeñas son aves del tamaño de las garças, tienen las piernas, pescueço y pico largo, las plumas de que se cubren el cuerpo son blancas y las alas ne[fol. 184v]gras, andan en peregrinación de unas partes a otras. Joanes Textor y todos los autores que hablan destas aves dicen que estando los padres consumidos con la bejez y no pudiendo volar, los sustentan y traen a cuestas. Nació este yerro de la errada información que se dio, porque las cigüeñas, después de tener a sus hijos criados en el nido, los sacan dél al campo siendo ya grandes y les lleban a la boca lo que ellos comen, como hacen quando los tienen en el nido, y así los sustentan hasta que ellos saben buscar los ratones, lagartos y culebras con que los padres los criaron y los mantienen todo el verano, hasta que sepan, y en viniendo el invierno se passan a las otras partes y quando ya buelben saben buscar su mantenimiento, y los honbres que antes en el verano vieron darles de comer a otras, siendo tan grandes como ellas, y tornando no lo hacen, ymaginaron que los hijos dexaban los padres biejos en alguna isla; y no me maravillo de que los escritores escriban semejantes cossas destas aves. Dellas dice Guillermo Benedicto en el capítulo "Rainuntius [fol. 185r] verbo quidan Petro" que las cigüeñas aborrecen sumamente el adulterio, y dice que si alguna dellas se ajunta a otra que no sea el marido, las otras la matan a picadas, y trae esta historia: una destas aves, haciendo adulterio al marido, se lababa; un soldado, viendo esto, la impidió que no se labasse, y las otras la mataron a picotaços. Estando el infante don Luis en Almerín (por raçón de la caça) cenando, le contó un caçador suyo que avía cogido una cigüeña en el nido, teniendo ya güebos, para treinar un halcón, y luego otro día el marido se cassara y quando se ajuntó a la henbra viniera acompañado de grande número dellas haziendo fiesta por el aire, dando estallidos con el pico con muestras de placer, a lo que el príncipe respondió "las aves se entienden y tienen su instinto natural".

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Capítulo octavo

De las aves de España que peregrinan

Dejando las aves del norte desamparada a España, que se fueron luego que passó el invierno a aquellas partes de Alemania de adonde vienen, [fol. 185v] luego nuestros dorales, garçotas, çanbrallos y martinetes, collareros y cigüeñas, tórtolas y ortegas y garças rubias, treínas de nuestros halcones, comiençan a benir, las quales se fueron tanbién a invernar fuera de su patria, aunque vengan juntas se apartan buscando tierra adonde críen sus hijos; las madres destas buscan lagos y grandes islas de ríos caudalosos y tierras empantanadas llenas de árboles y selbas, otras marismas y lagunas famossas, donde puedan esconder los nidos, como en Almerín, en el paúl de Azeitada y otros lagos de España. A estas acompañan grande caterba de páxaros menudos, mirlas, abadexos, papahigos, abejarucos, ruiseñores, rabibermejos, tifas y otros muchos, tanbién tórtolas y torcaces. La caussa de venir a criar a estas partes es porque ellas de verano hallan gussanos y sabandixas voladoras con que mantienen sus hijos hasta que están criados del todo. Todas estas aves hazen sus nidos levantados de la tierra, aunque diferentes en la grandeça, siguen todas una misma [fol. 186r] forma y modo de conservar la vida y cada una por sí busca su comida y, como es de gusanos y cosas vivas, cada qual trabaxa por sí en buscarla y no se juntan sino quando vienen o se buelven, lo qual se ve claro en las golondrinas, nuestras vecinas, los ruiseñores, mirlas y demás páxaros menudos, en tomando tierra de España, se enboscan apartados por los montes, valles y riberas donde aya selvas, sierras y matas; volando de poco en poco de árbol en árbol atraviessan toda España; tanbién hazen los nidos apartados de tierra, son prisiones y treina de nuestros gavilanes (en quanto acá andamos de verano); estas, aunque estén escondidas en los bosques, no se les esconden a los honbres invenciones para caçarlos con armadillas de brete y lidia, la qual arte de caçarlas nació de una boz que ellas forman entre sí de quexa y espanto, a la qual todas que la oyen acuden (como los honbres a "aquí del rey") e si toman una mirla y le aprietan un ala o a qualquier de estos páxaros a que bocee, quexándose, acuden; son todas estas aves silvestres, difieren en la [fol. 186v] criación de las aves agrestes.

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Capítulo noveno

De las aves agrestes que no peregrinan

Las abutardas, sisones, trigueros, cobuxadas, perdices, silgueros, çuriagas, pintarrojas, verdones y chamarices son nuestros naturales, donde crían de verano sufren el invierno, y las faltas dél, todos andan en vandas, cada qual sigue su género: los silgueros, trigueros, verdones y pintarrojas crían en los árboles y quitan la luz a los hijos en los meses del estío, los quales, como son aves pequeñas, sustentan los hijos con semillas de cardos, erbeçuelas y aun dellas no les dan más que el coraçón, porque no tienen fuerça ni cuerpo para los cigarros de que todas generalmente mantienen sus hijos, las quales crían en el mes de mayo por aver mucha diversidad de gusanillos y cigarros con que los sustentan en el nido. Las perdices y codornices no tienen cuidado de buscar de comer a los hijos porque ellos, en naciendo, acompañan las madres, que con las alas los agasajan y buscan lo que an de comer; de las [fol. 187r] perdices dices [sic] dicen que algunas veces ponen dos sus güebos en un nido, algunos pastores hallan sus nidos destas, y visitándolas hallan los güebos doblados puestos dos en un día; destas y codornices, aves estimadas en la mesa de los señores, quiso Dios nuestro señor que ellas criassen de una nidada de quince hasta veinte; andan las perdizes en vandas, y si acasso alguien las levanta y sse esparcen, a la noche llaman a recoger y juntas de noche las toman algunas veces, con lanterna y laços, con otras perdices, y por ser tan estimadas se inventaron los honbres una red hecha a modo de un texado, y con un buei fantástico las acarean llebándolas a la red, no pongo aquí la hechura della ni el arte con que se arma porque mereçe ser desterrada, porque es destruiçión dellas, siendo notable pasatiempo de los señores caçándolas con açores y aletos y a caballo acosándolas y assí tienen pena los que arman semejante red.

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Capítulo dézimo

De las abutardas, aves nuestras naturales

Las abutardas son las mayores aves, y las que [fol.187v] hazen ventaxa a todas las que passan a nuestra España, son pardas en el color y en el talle y hechura de nuestros pavos [de las Indias], pero de mayor cuerpo y cabeça; en los ojos, lo que en los nuestros es blanco, tienen ellas amarillo; donde crían sus hijos allí moran siempre, no andan en peregrinación como las de quien avemos hablado; llámanse abutardas, porque como sson pessadas, para levantarse y tomar su buelo, corren primero aleando para cobrar biento y con él poderse levantar de tierra, por lo qual los latinos le llaman avis tarda; crían en el mes de abril y mayo entre los trigos, donde aya grandes campos senbrados, muchas veces mojadas con los rocíos y aguas, por andar en las sementeras, se toman acosándolas, porque son aves mui cargadas y grandes, y mojadas no se pueden levantar; quando andan en celo, en encontrándose dos machos con el celo que cada uno tiene de su henbra pelean con tanta cólera que muchas veces los honbres del campo, viéndolos pelear, por tener ya experiencia que se matan unos [fol. 188r]a otros, se van a ellos con qualquier palo que lleban en la mano y les quiebran las alas y los toman. Yo vi a un labrador el qual, viendo a estos andar peleando, dexó el arado y con el aguixada que llebava en la mano llegó a los páxaros de la pelea, los quales con la cólera no hizieron casso dél y les quebró las alas a palos y después de tenerlos pressos por los pescueços, tanta era la cólera que tenían, que no se acordavan del triste estado en que estavan, que así arremetía uno a otro como si estubieran libres. Después de aver criado los hijos se juntan y andan en bandas, la carne dellas es dulce, mantiénense de semillas y ierbas y en encontrando cigarros no los desechan. Estas abutardas toman los honbres del campo con una armadilla, a que llaman bugallo, que dexo por ser muy ordinaria.

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Capítulo onze

De los sisones y alcarabanes, garças y ortegas

Los sisones son del tamaño de las ánades, entre blancos y pardos, con collar negro en el pescueço. Los alcarabanes son pardos del todo, las piernas [fol. 188v] un poco largas, y el pescueço; crían en tierra, son aves del cariño de nuestros halcones, estos andan juntos después que an criado sus hijos. Las gangas y ortegas son aves algún tanto mayores que perdices, entre estas ay poca diferencia en la grandeça del cuerpo y talle y buelo, andan en bandas, mantiénense se semillas y ierbas; sólo en una cossa difieren las unas de las otras, en tener las ortegas una lista negra como collar por el pescueço, son grandes voladoras; los caçadores no largan sus halcones a ellas porque no se pierdan.

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Capítulo doze

De los quebrantagüesos

Los quebrantegüesos viven de rapiña, moran en estas partes de verano y de invierno; son poco menores que las águilas, tienen el cuerpo cubierto de plumas blancas y las alas pardas; su caça es en los montes, buscando los conejos de que se mantienen con una invención estraña para descubrir los conejos que están escondidos de día: andan macho y henbra juntos, uno dellos anda dando con las alas por las matas con que las sa[fol. 189r]cude, algunas veces finge boz de perro porque la caça se levante, el compañero anda a medio aire para, levantándose el conejo o liebre, vaxe de lo alto y lo pille, y así se mantienen y crían los hijos, que tanto cuidado tubo la naturaleça doctíssima de mostrar a cada ave el modo de buscar de comer, para sí y sus hijos, que a estas que no tienen tanta velocidad que puedan alcançar volando otras aves, les muestra el modo y arte con que an de caçar los conejos escondidos en los bosques fingiendo la voz de perros que no es suya.

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Capítulo trece

De los guinchos

Son los guinchos aves marítimas del cuerpo de nuestros milanos, de color cenicientos, crían en rocas y en árboles; su mantenimiento son peces del mar, ellos los toman de voleo y los llevan en las uñas, las quales tienen tan grandes como los gavilanes; son aves prudentes, el día que ben bueno y el mar quieto, lo meten en caça, trayendo peces en un día que vasten para toda la semana, los quales tienen en su nido mientras [fol. 189v] tienen hijos, porque tengan de comer pescado vastantemente para algunos días, de donde nació este refrán de las mugeres: "Fulano, no tengáis duelo della, que tiene esa persona un nido de guincho".

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Capítulo catorce

De las grajas, cuerbas, cornejas y urracas

Todas estas aves son negras, la urraca difiere algún tanto, que tiene la barriga blanca, mas en la boz, talle y hechura son casi de una semexança, porque en el graznar y volar no se diferencian mucho, no son de comer, porque se mantienen de sabandixas sucias, son treínas de los gavilanes, de fama mostradoras de asuntos tristes. De ellas dice Pedro de Bobistán que en el tiempo del rey Luis de Francia, junto a San Albino, ubo una batalla en él entre urracas y grajas, y fue tan peleada que de cada parte cayeron en tierra muchas muertas, y fueron tantas las que se juntaron en esta pelea, que cubrían campo de dos leguas. Fue esto anuncio de una batalla que en aquel lugar ubo de allí a algunos días en que murió infinita gente, [pero lo cierto es que [fol. 190r] no ay que creer en agüeras].

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Capítulo quinze

De los pelícanos

Ay opiniones que los pelícanos abren con el pico su pecho para dar de comer de su carne a sus hijos; estos tienen en el pecho un callo carnoso sin pluma, y quando meten en la boca la comida a los hijos, los que están sin comer afierran y pican en el pecho de la madre y le hacen llaga, la madre sufre (por lo mucho que ama a los hijos) los dolores del pecho, de donde vinieron a pensar que la misma madre lo hacía para mantenerlos, lo que es contrario de lo que la naturaleça [humana] enseña a las criaturas, lo que sé por la experiencia de criar los gavilanes desde pequeños, estando muchos juntos, y entre ellos alguno que tenga descubierta de pluma alguna parte carnosa, los otros lo picaban y mordían, que porque no lo matassen lo sacaba d’entre ellos hasta qu’estubiese cubierto de pluma, y si esto no se le haçía, lo mataban y comían.

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Capítulo diez y seis

Que dice la causa por que unas aves tienen buche y otras mollejas

Es la naturaleza tan prudente que a todas las cossas dio su lugar, acomodado y propio, y ordenado de manera que no ubiesse falta. A unas aves dio buche, el qual tienen todas aquellas que se mantienen de cossas blandas, como son las aves de rapiña y las que comen peces y gusanos de la tierra, como son garças, cigüeñas, cornexas y otras aves muchas. Por el contrario, son aquellas que se mantienen de semillas y hazen su pasto de yerbas y de algunos yeros y arberjones, como se ve muchas veces en las perdices, estas ordenó tubiessen molleja, la qual es gruessa, y por la parte de dentro, donde se an de cocer las semillas, crió un pellexo duríssimo, fruncido, caliente y seco, de tal modo que el calor, con el agua que bebe, cuece las semillas que las aves comen, para que así con facilidad por los lugares acomodados se expeliessen las hezes. Decirme ha el [fol. 191r] lector que los animales comen semillas y se mantienen del pasto de la ierba y matas que tienen buche, y no mollejas, respondo que los animales tienen dientes, y primero que enbíen al bientre lo que comen lo mascan entre los dientes, y allá está el buche dispuesto con cierta grosura de pellexos con una suerte de picos, que ayuda a acabar de gastar lo que se dexó de moler con los dientes.

Otros animales engullen el pasto mal mascado y lo están rumiando después trayéndolo otra bez a la boca, lo qual se ve bien claro en los bueyes y obejas. Las aves de rapiña, por valerse contra el frío, como ya dixe, y no tener en el inbierno el buche bacío, tragan con la carne algunas plumillas teniéndolas en el buche, gastan la carne blanda y la echan por el lugar dispuesto por la naturaleça, y las plumas y los goseçuelos por la boca y en plumada.

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Capítulo diez y siete

Del chinchafe

Estoy viendo todos los caçadores de gavilán con armas contra mí, pareciéndoles que é puesto en el olvido aquella /ave, cariño y treyna/ tan [fol. 191v] ordinaria de sus queridos gavilanes, como es nuestro chinchafe, porque dél avía de hazer particular mención por ser mui conocido, así de los caçadores como de todos los moradores en los campos, que ellos en todos los lugares y partes se hallan, así de verano como de invierno, y es bien que digamos de su género; de los paxarillos que los gavilanes apetecen, ellos son los más pequeños, tienen las cabeças negras y las alas del mismo color y el pecho cubierto de plumas amarillas, y la cola corta, en el bolar redondos, y lo mismo no volando; susténtanse de gusanillos de la tierra, donde nacen allí avitan, sacan sus hijos a luz primero que todas las aves, ya por carnestolendas los tienen, de donde nació aquel rústico dicho "el chinchafe es liveral, tiene sus hijos al fin del carnal". Los caçadores de gavilán comiençan por ellos a enseñarlos, porque como los chinchafes son poco voladores, en poniendo el gavilán el rostro en ellos, se entran en la mata que más cerca hallan y en ellos cevan los caçadores sus gavilanes, por lo qual son amados y conocidos [fol. 192r] de todos. En la ciudad de Tánger, en áfrica, vivía un caballero verberisco el qual de su voluntad se vino a convertir a la fe de nuestro señor Jesuchristo; este se cassó en la misma ciudad con una muger virtuossa, de la qual tubo una hija que deseava cassar; tenía este honbre un caballero por amigo, vecino de la misma ciudad, y estavan tan unidos en amistad que comían juntos, y anbos hazían sus entradas en los moros, que el amor es tan poderosso que junta los coraçones de las personas aunque sean diferentes en nación; el verberisco deseava casar la hija, mas como tenía aquella raça no hallaba quien quisisesse emparentar con ellos que fuese caballero, que lo era mui grande el berberisco, y estimado por ello y querido de todos los fronteros y nobles de la ciudad; estando assí, o fuesse por ruegos de la muger o porque la hija se cassase en su vida, le dio por marido a un soldado, y aunque honrrado (tienen por desigualdad los caballeros casar sus hijas con semejantes honbres), el amigo christiano llebó tan mal [fol. 192v] que así cassase su hija el verberisco con menos de lo que merecía, porque era mui hermosa, que no lo quiso más ver ni hablar, y adonde vía al padre de la moça se apartaba hurtándole el cuerpo por no encontrarse con él; el berberisco, sufriendo mal el desprecio, entendiendo la caussa por que el amigo no le hablaba, fuesse a él y le dixo: "Bien ssé que me dexáis de ver porque casé mi hija con un soldado, no me culpéis, que yo hize como haze el gavilán, el qual, en levantándose por la mañana, propone en su voluntad de comer una perdiz; pássase la mañana sin poderla ver ni hallar; ya que no halló perdiz, se promete una paloma, llega el mediodía y la paloma no parece; determina de tomar una tórtola, ni esta puede descubrir; llega la tarde, ya con hanbre desea encontrarse con un abadexo, ni este se le representa ni topa; es ya de noche, y por no echarse sin cenar, toma un chinchafe. Assí hize yo, tomé lo que hallé". Nuestro chinchafe es ave apetecible en todo tiempo. [fol. 193r]

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Capítulo diez y ocho

De la caça del gavilán a los pajarillos donde ellos se juntan para pasar el mar en áfrica

Pasados los meses de verano y estío, tiniendo nuestras aves ya criados sus hijos, así cigüeñas como garças rubias, martinetes, collareros, zanbrallos, golondrinas, ruiseñores, papahigos, tifas, gaios, abejorucos, torcaces, tórtolas y otras muchas, llegando el mes de setienbre, mostrador del invierno, ellas se juntan, cada una con su semejante, y se tornan a invernar a aquellas partes donde vinieron. Las cigüeñas y ortegas llevan sus hijos a donde no les falte la comida: las unas, [semillas; las otras,] ratas y ranas y sapos, lagartos y culebras con que en estas partes se criaron. Los ruiseñores y golondrinas y tifas se van a donde hallen moscas y otros gussanos de que se mantengan. Las torcaces y tórtolas, como se mantienen de semillas, se passan a essa Etiopía, al mijo y arroz della, y aquellas partes que sea verano, [fol. 193v] que hallen semillas de que mantenerse. Pedro López dice que se vieron ya en nuestra España tórtolas con incienso pegado al pico y plumas, que deven de venir desa Aravia donde avían invernado. Las aves grandes, forçossas y ligeras en el buelo, como son los martinetes, zanbrallos, [garçotas,] garças rubias y otras, se passan con facilidad, y assí guiadas por la providencia divina van donde conserven su generación, y esto tanto assí que no se olvidó de las tifillas pequeñuelas ni de las vizvitas, acordándosse de las peñatas, herreros y reatines y de otra grande caterva de páxaros pequeños, los quales volando con el pecho al viento, en un día no buelan una legua [y] por la poca fuerça de sus alas y poco aliento, estas, cuya comida son hormigas, moscas, gusanillos, mosquitos y otras sabandijuelas, de las quales de invierno en estas nuestras partes ay mucha falta, porque se consumen con los rigores del frío y muchas aguas, aguardan que la divina providencia tenga cuidado de llebarlos a aquellas partes [fol. 194r] donde como criaturas suyas no se consuman y acaben, acudiéndole con el viento solano, con el qual se salen de los montes donde criaron y se levantan abiertas las velas de sus alillas como nao que viene viento en popa, governados por el piloto de la divina providencia, vienen a tomar la altura al cabo de Espichel o Cascais, y en algunas partes del Algarbe se dexan estar aguardando el viento norte, y en levantándose él, ellos se levantan volando, y se passan a áfrica, y muchos navegantes las sienten de noche, que pasan haciendo su armonía, y los que no tenían fuerças para contra viento volar una legua, con mui pocas oras passan el mar de ciento y tantas, y este pasage dura por muchos días en el mes de setienbre, y en este todas las veces que corre solano, se juntan y con el norte se passan, y assí van procediendo hasta que se passan todos los que acá se an criado. A esta junta de paxarillos van muchos señores con gavilanes a su caça, y por averse visto entre estos otros a quien llaman torcecuellos, del [fol. 194v] tamaño de las calandrias, así pardos, con algunas pintas varias por todo el cuerpo, tienen los pies cortos, dos dedos adelante y dos por detrás, como papagayo, la lengua larga y con horquilla, mantiénense de hormigas, metiendo la lengua en el hormiguero, tragándolas, que se le pegan en ella, son mui gordos, poco voladores, tomándolos en la mano tuercen el pescueço, de donde tomaron el nonbre; y por ser tantos y de tan diferentes especies los páxaros que allí se juntan, y en días interpolados tienen para sí todos los de aquella tierra aver alguna isla cerca donde estos páxaros arriban allí, por lo qual le llaman arribada. Agora, por el discurso de la peregrinación de todos, se verá claro que crían por toda España, los que vienen primero para pasarse son los que criaron más cerca del cabo. De los torcecuellos, por ser poco vistos y no hallarse nido dellos, hazen mucho casso para confirmar la opinión tan errada que dicen vienen de alguna isla escondida. Estos torcecuellos anidan por la tierra, escondidos en los bosques [fol. 195r] y en la espesura de los montes y porque allí crían siendo tan pequeños y desmantelados, no se haze casso dellos, y es tanto esto verdad que si el caçador de gavilán no los encuentra con los pies, ni por el aire ni sentados en las matas parecen.

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Capítulo diez y nueve

De las golondrinas y de la ierba de su nombre que restituie la vista perdida

Las golondrinas son tan familiares nuestras que dentro de nuestras cassas moran con nosotros y crían los hijos, cada verano sacan a luz tres nidadas dellos, y de cada vez quatro y cinco, y como son muchos y el nido pequeño, y las madres les dan mucho a comer, que su mantenimiento son moscas, y con la inmundicia de los hijos dándoles en los ojos, se privan de la vista: para esta enfermedad conocen estos paxarillos una ierva de su nonbre, que se llama de golondrina, mui conocida de todos, la qual nace por los canpos en muchas partes, en tierras secas, de pedreçuelas menudas, y por las calles de frente de San Vicente de Fuera desta ciudad de Lisboa, en la cal[fol. 195v]çada de la puerta de la iglesia vi yo muchas, y todos los erbolarios la conocen. En el capítulo 22 del ojo quebrado del halcón hago mención della, es remedio cierto en los ojos de las aves de que tengo experiencia; para los honbres: en Crato avía un ciego mal acondicionado y gruñidor, y por ser tal los muchachos lo perseguían y acasso le dio uno con una varilla en un ojo que le hiço sangre, y como en los ojos se siente mucho el dolor gritó acudiendo con las manos al rostro; estando pressente Pedro Fernández Ferreira, caçador de aves de altanería, le echó en el ojo el çumo desta yerba de golondrina y encima dél la pusso majada, al tercero día no tenía encendimiento alguno y dixo que veía con él, mostrándole cossas diferentes afirmó quáles eran y por la mexoría hicieron al otro lo mismo y así recuperó la vista en anbos. Los médicos tienen para sí que la que haze estos milagros es la ierba que llaman celidonia, porque en latín celidón quiere decir golondrina, y dicen tanto della [fol. 196r] que Leonardo Feravante le llamava don del cielo, siendo ella que digo, y de sus virtudes sé por el efeto que haze: que hasta los ojos heridos, como no sea en la niña, los sueldan. Acuda el curioso al capítulo arriba citado, y verá sus propiedades; es remedio para cámaras, dándose a beber en polvo, siendo la caussa fría en vino y caliente en agua de pies de rossas.

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Capítulo veinte

De los ruiseñores

Son los ruiseñores conocidos de todos los moradores de nuestra España y estimados por toda Europa, por la melodía y suavidad de su canto, y por esta caussa los toman pequeños en los nidos y los crían los honbres con coraçones de carnero picados, así como se crían los gavilanes desde pequeños, y con los cigarros, porque ellos, toda comida que les meten, sea qual fuere, la tragan y así con facilidad viven, por pequeños que sean, que en tocándoles en el pico con un palillo en que llevan la comida que les dan, abren la boca, como lo verá quien los quisiere criar, y assí [fol. 196v] procederán con ellos, hasta ser grandes, y entonces les darán a comer gusanos que se crían en las atabonas, en el infierno dellas, y no aviendo atabonas hallarán gusanos semejantes dentro en los gamones y cardos blancos, de unos largos que nacen en los campos, los quales les echarán en los comederos, para que ellos, en viéndolos vullir, comiencen a comer dellos, y en saviendo ir al comedero a buscar los gusanos, que son amarillos, del gruesso de una lonbriz, del largor del medio dedo pequeño, se echarán con ellos una massa que se haze de açúcar y açafrán y almendras secas, y con esta masa los mantienen y se les da todo el año, la qual massa se haze tomando una iema de güebo asado y bien dura, y otro tanto de açúcar blanco, y de la masa de almendras dulces quatro docenas dellas peladas y majadas y unas hebras de açafrán, y todo junto majado se hace masa que se echa en el comedero hecha polvos; ellos la comen muy bien, conviene que sea la masa fresca, porque se aceda siendo de muchos [fol. 197r] días, por lo qual la hiciera yo cada quatro o cinco días. Tanbién los çahareños se estiman mucho y son excelentes, tomados luego que vienen de invernar de fuera a criar acá sus hijos; los buenos son los que se toman en el fin de março hasta diez de abril, porque tomados después que andan en celo mueren con la soledad que les caussa su henbra, y no escapa ninguno, lo qual es al contrario luego que ellos entran en la tierra, que en buscar de comer ponen todo su cuidado, por ser el tiempo frío, entonces los toman con costillas que para eso tienen los curiosos, y las hazen de manera que ellos queden en pie, y no presos por el pescueço como las que acostunbran en la caça de los otros paxarillos. No me canso en la demostración dellas porque a los que los quisieren caçar vasta significarles que ellas se an de hazer de modo que queden ellos en pie dentro de la costilla, cubiertos de la red, y para eso conbiene que sea grande; son fáciles de tomar luego quando vienen con los gussanos que dixe. Después de tomados estos zahareños, se meten en una jaula que tenga fondo de tablas o corcho, y [fol. 197v] se cubre con un paño, y allí por tiempo de tres días se le da de comer coraçón de carnero picado metiéndolo con un palillo por la boca, o echándolo en el comedero. Mexores son los gusanos aviéndolos, que los ven ellos vullir, y los codician porque es su çebo natural, en començando ellos a comer los bayan descubriendo, teniéndolos a la luz de noche y aquel mismo año cantan. Este año de mill y seiscientos y catorce, un amigo mío fue a caça dellos en la octava de la pascua de flores, y tomó seis y todos vivieron; los que se toman en los nidos no se conoce quál sea macho ni henbra porque como son mui pequeños no juzga honbre dellos sino después de criados; en los zahareños con facilidad se conocen, que los machos hazen alguna ventaxa en el grandor a las henbras, y tienen el pico más gruesso; de invierno conbiene que los tengan en parte caliente y cubiertos, porque su muerte total es el frío, y por esa causa se van ellos de su patria en tiempo de invierno a buscar tierra caliente. [fol. 198r]

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Capítulo veinte y uno

Del rey Tereo y de la reyna Prone, hija del rey de Atenas, y de su hermana Filomena y del príncipe Itens y la causa por que fueron vertidos en aves

Cuentan las fábulas que Tereo, hijo de Marte y de Bistonida, siendo rey de Tracia, cassó con Progne, hija del rey de Atenas, y la traxo a su reyno; en ella ubo un hijo lindíssimo a quien llamaron It?s, tan deseado en el reyno y festejado, y se celebraba solenemente el día que nació todos los años. Tubo la reyna Progne deseo de ver a su hermana Filomena, pidió al marido licencia para irla a ver o fuesse él en persona a traerla, que su padre y madre le darían licencia a su hermana para que viniesse. Tereo aprestó naos, partió, llegó en salvamento, fue bien recibido de los suegros, rey y reyna, y de la cuñada Filomena, de la qual así que la vido Tereo se encendió de amores por su hermosura, entonces con más eficaces palabras pidió a los suegros le diessen la licencia que pretendía; otorgáronsela. Enbarcados llegaron a salvamento a un puerto [fol. 198v] del reyno de Tereo, salieron en tierra él y la cuñada, diciendo él que lo hacía para descansar en aquella floresta del trabaxo del mar, y estando apartado de las naos y gente, y no tanto como él lo estava de la virtud, trabaxó por pesuadir a la cuñada al intento que deseava, y viendo que ningunas promessas ni palabras bastaban para que ella consintiesse en su deseo, acogióse a la fuerça y con ella, mui contra la voluntad de la afligida princessa, de doncella la volvió dueña, quexándose ella a Dios y al mundo de tan gran maldad, y que avía de ser pregonera de tan gran vileça y traición y se avía de vengar de tan grande alebosía; ordenó él otra maior maldad, arrancándole la lengua y así la llebó a cassa de un criado suyo, y bassallo, no declarándole el casso. A los de las naos dixo que las fieras la avían muerto, y llegando a su cassa se hizieron muchas muestras de tristeça por la muerte fingida de la cuñada, la qual, estando en poder del vassallo de Tereo, pidió por señas le diesen olanda y seda de colores, que quería entretenersse; labró una [fol. 199r] toalla y rogó a una muger la llebase así labrada a la reyna Progne, que le pagaría mui bien el trabaxo que en ello pusiesse. Dada la toalla a la reyna vio en ella perfetamente toda la historia, disimuló. En aquel tiempo se hacían unas fiestas que de tres a tres años se celebraban en aquel reyno; dixo Progne al marido que deseava ir a ellas; ida, fue a donde la hermana estava, a la qual halló muda, sin lengua, y así la traxo a su cassa en trage demudado, anbas determinaron la bengança del marido, bien extraordinaria, y fue que tomaron al príncipe Itis, hijo de anbos, y le cortaron la cabeça, pies y manos, y del cuerpo mandaron hazer manxares diferentes, y teniendo esto ordenado, pidió Progne al marido que anbos comiessen juntos al uso de los reyes de su tierra, que era comer solos; hízose así, partió Tereo los manjares y guisados hechos del cuerpo del hijo; después de comer dellos pidió a la muger mandase venir al príncipe Itis, su hijo, a quien él amava en estremo, entonces salió Filomena de un retrete, con la cabeça y manos y pies [fol. 199v] del hijo, deseando tener lengua para mostrar la ira que contra él tenía. Tereo, biendo el casso, dio con la messa en tierra y metió mano a la espada; ellas huyeron, Progne convertida en golondrina y Filomena en ruiseñor, Itis en faissán, Tereo en habubilla.

Ordenó el poeta esta fábula de ver que el ruiseñor casi no tiene lengua, y la golondrina estar cubierta de negro y en el pecho tiene unas rayas bermejas, y tener el canto triste como quien cuenta la historia de la maldad del marido, y las plumas rojas como sangre, de la crueldad que tubo de matar al hijo en vengança de la hemana. Y del canto del ruiseñor, la soledad con que passó la vida la forçada Filomena; y del faisán, porque en el canto parece que grita como niño; y de la habubilla, por la significación de la corona en la cabeça y en la hermosura de las plumas pintadas de que se viste finge ser el rey, porque la habubilla tomada en la mano tiene mal olor, y el nido della lo mismo, con que se da a entender que los malos hechos, aunque los cometan reyes [fol. 200r] y personas graves se a de huir dellos, y volverles la cara, como a cossa abominable y hedionda. Por esta fábula de nuestras golondrinas y ruiseñores y para que nuestro caçador sepa alguna y vea quan grandes ingenios se ocupan en cossas vanas, lo que no tiene nuestra arte, que muestra valor y ánimo a los honbres y los haze industriossos, no sólo en la caça, mas sacando della exemplos mañossos para la guerra, de la qual la caça es verdadera semejança, y demás deso mucha grandeça y magnificencia, de donde Cicerón, en el tomo sétimo de las Familiares vino a decir hablando della "binae sunt venationes magnificae nemo negat". Y así los señores aficionados a esta arte son liverales, llenos de altos y grandes pensamientos. El capitán Gonçalo Fernández, nuestro español, grande caçador de halcón, andando en el campo a caça, fue llamado del emperador Carlos quinto; luego que le dieron el recado en el campo, se dixo que era para alguna cossa grande, venido a la corte, informado de Su Magestad de lo que avía de hazer [fol. 200v] en su servicio en Francia, donde lo enbiava, aviéndole dado dinero para la costa del camino, tornó a mudar el emperador el parecer, y pidiéndole el dinero, aquel grande caçador y capitán, ya lleno de altos pensamientos, se fue a Su Magestad y le dixo "Señor, si no le contenta la prenda, pierda la señal y sírvase Su Magestad de mí, que me siento para mucho".

F I N I S

Edición de Beatriz TOURON TORRADO

Creación / última revisión: 08.06.2012